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Número 7


  
          



AJUSCO RECORRIDO NOCTURNO EN BICI DE MONTAÑA

Al sur de la Ciudad de México existe un bosque que ofrece innumerables posibilidades para los amantes de la bicicleta de montaña. Te invitamos a conocerlo

La ruta de la “eterna primavera” es una de las miles que existen próximas a la gran Ciudad de México y que llenan plenamente todas las expectativas de cualquier ciclista de montaña: por su gran trayecto y su indescriptible sabor de estar en la noche en la montaña, acompañados de gran camaradería.
Esta aventura inició un fin de semana antes, cuando conocimos a nuestros guías. Esa reunión fue muy buena ya que nos sirvió para familiarizarnos con la ruta por medio de algunas fotografías y para ultimar todos los detalles de nuestra salida, así como el equipo ideal para llevar, hidratación, seguridad del grupo y —lo más importante— el trabajo en equipo que sería la base del reto que nos disponíamos a enfrentar: una travesía nocturna en bicicleta de montaña.
La ruta que recorreríamos va de México a Tres Marías, partiendo de la zona sur de las faldas del Ajusco, en uno de los puntos de reunión de los peregrinos de Chalma. El nivel del recorrido es intermedio ya que demanda cierta condición física y técnica y la distancia es de 26 kilómetros, aproximadamente. Este recorrido representa tan sólo la mitad de la ruta. Tláloc muestre su cara bondadosa. La temporada ideal para pedalear esta ruta sin duda es durante la primavera y el verano, cuando la temperatura por las noches es más tolerable, aunque la realidad es que en la montaña siempre hace frío por las noches, por lo que la ropa térmica siempre es ideal.
Seguimos nuestro recorrido por una sección de veredas muy bella ya que desde ahí se puede ver el segundo valle inmenso al que llegaríamos, el cual está custodiado desde el otro lado por el cerro del Pelado. De día este valle es muy caluroso ya que no hay árboles, por lo que de noche es una delicia recorrerlo. Seguro te encontrarás con algunos conejos que se pasman con las luces de bicis y cascos.
Seguimos pedaleando a buen ritmo, no lento ni muy rápido, haciendo así nuestro paseo confortable y más seguro, buscando aminorar los riesgos de una caída, futura lesión y/o descompostura de la bicicleta que pudiera ocasionar algún percance.
Atravesamos por el pueblo del Capulín, para desde ahí pedalear dirigiéndonos al pueblo de Fierro del Toro, uno antes de Tres Marías, por una sección de camino ancho, pero eso sí muy divertido ya que está compuesto de una tierra muy fina similar a la arena, lo cual hace que el manejo y pedaleo de la bicicleta sea algo entretenido al tener que ser constante, fuerte y muy fino. En esta zona es donde normalmente se encuentra ganado bovino y vacuno de los ejidatarios de la zona.



El pedalear en la noche provoca que todos tus sentidos se agudicen al tener que sortear los obstáculos de la ruta, como ramas, hoyos y piedras, todo esto ayudados de la luz artificial de las lámparas y, si prestas atención al sonido de la montaña, quizás tengas suerte y puedas escuchar el canto de los búhos, acompañados de los árboles meciéndose suavemente por el aire de fondo, y si además aspiras con ganas te darás cuenta del intenso aroma que crece con la noche en cada una de las secciones que pasamos, en donde los pinos y la tierra, según mi opinión, son los aromas más deliciosos.
Nuestros guías comentan que en el tiempo que llevan operando esta ruta, han habido cambios drásticos en el paisaje, producto del avance de la mancha urbana. Algunas zonas de bosque desgraciadamente han sido sustituidas por campos de cultivo; esperemos que pronto se tome conciencia para evitar mayores daños a esta bellísima zona. En contraste, nos topamos con algunas zonas recién reforestadas, lo cual nos dio muchísimo gusto.



En esta misma sección de la ruta, hacia el poblado de Fierro del Toro, nos detuvimos para desviarnos por una parte de veredas, entre pastizales, las cuales conducen hacia las vías de lo que fuera el tren que corría de la Ciudad de México a la Ciudad de la Eterna Primavera: Cuernavaca, para al final obtener nuestra recompensa y, después de tres horas y media, llegar a Tres Marías, punto final de nuestro recorrido que disfrutamos como niños. Ya nos esperaba el transporte y un rico café calientito que nos supo a gloria. Afortunadamente todavía estaba abierto un puesto de quesadillas así que —sin hacernos de la boca chiquita— merendamos muy a gusto.
De regreso en la carretera comenzamos a platicar sobre nuestras experiencias y nos dimos cuenta de lo afortunados que fuimos al vivir esta aventura, luego de haber pasado por esta bella ruta que de noche muestra una cara muy diferente al permitirnos convivir con la rica actividad nocturna de la fauna de estas hermosas montañas; entonces, fue cuando nos percatamos de lo más genial de este recorrido; el tener un contacto radical con la naturaleza lo que hace que esta sea una aventura 100% garantizada.

QUIEN TE LLEVA?
• Este recorrido se puede contratar en cualquier época del año y si no cuentas con equipo, éste también se renta.
• El mínimo para contratar este servicio es de dos personas, pero si tú quieres ir en grupo hay fechas programadas cada mes.
• Pueden ir niños de doce años en adelante, siempre y cuando tengan condición física y un buen dominio sobre la bicicleta, mismo que se adquiere con la práctica.
• Puede contratar este recorrido en el Salomon Station México, ubicado en la calle de Héroes del 47, No. 59, Coyoacan, a unas cuadras de la plaza, Ciudad de México. Los teléfonos son: 01 (55) 5689 6553 y 5554 9288.
• Si presentas esta revista al contratar el recorrido, pregunta por algún descuento.
• También existen recorridos fotográficos durante el día. Puede contratar con Jorge Neyra al teléfono 01 (55) 5571 8715.

RECORRIENDO EL TERRENO EL AJUSCO

Ubicado en el sur del Distrito Federal, su nombre es de origen náhuatl (de Atl: agua y Xochitl: flor) cuyo significado se ha interpretado como
floresta en el agua”; otro nombre es “lugar de ranillas”. La pronunciación original es “AXOSCO” que derivó en el nombre actual. El Ajusco es un tipo de estratovolcán con una antigüedad que sobrepasa el millón de años. Se dice que fue uno de los primeros en hacer erupción al sur de la Cuenca de México. Actualmente, vemos la forma erosionada resultante de lo que fue un cono volcánico de mayores proporciones, compuesto de rocas andesíticas y basálticas. Estuvo afectado por diferentes periodos glaciales ocurridos durante los últimos miles de años, lo que dejó profundas barrancas alguna vez ocupadas por ríos de hielo que se alojaron en la cara norte de esta montaña.



Las partes elevadas del volcán fueron decretadas Parque Nacional en 1947 y posteriormente se enlazó esta Área Natural Protegida con otras (como las Lagunas de Zempoala) para formar el llamado Corredor Biológico Ajusco-Chichinautzin, decretado así en 1988. Es por este corredor donde pasan las rutas de bicicleta mencionadas en este artículo. Toda la región sur del Distrito Federal es muy importante, en virtud de la riqueza en especies de flora y fauna silvestres. Lo más característico son los bosques templados de pino, básicamente de la especie Pinus hartwegii, le siguen terrenos destinados a la agricultura, ganadería y forestales. Existen otros tipos de bosque como los de ailes o alisos, encinos, así como el bosque de oyamel de la especie Abies religiosa que se ubica en las áreas más húmedas y escarpadas. Además están presentes zacatonales con muchas especies de pastos y de asteráceas (muy parecidas en forma a las “margaritas”). Hay una planta que seguramente encontrarás y que es digna de una mención especial: se trata de la palmita (Furcraea bedinghausii) que también se le conoce como ”Shishe”. Esta planta, con un solo tronco bien definido, alcanza hasta 8 metros de altura y es muy similar a las yucas. La palmita también sobresale por su aspecto xérico (de zonas áridas), lo que llama mucho la atención por crecer formando colonias en sitios rocosos. Además es endémica de nuestro país y se considera amenazada principalmente a causa de la destrucción de su hábitat por la expansión de la mancha urbana (sur del D.F.). Esta planta florece escasamente pero cuando lo hace, la flor exhibe un color verde cremoso que la hace muy atractiva.
Destacan la abundancia de mamíferos pequeños como musarañas, murciélagos, tuzas, ratones y mamíferos medianos como ardillas o conejos. Casi todas estas especies tienen su origen en el norte del continente y por eso se les llama neárticas. De entre las más importantes por estar circunscritas a nuestro país son: el conejo montés (Sylvilagus cunicularis) que es de gran tamaño y, por desgracia, apreciado como trofeo de caza o el ratón de orejas negras (Peromyscus melanotis), mamífero que vive a gran altitud sobre el nivel del mar. También está el caso de las tuzas (Cratogeomys tylorhinus y Cratogeomys merriami), esta última catalogada como rara y los murciélagos (Lasiurus cinereus y Plecotus mexicanus).



Hay que destacar por su distribución más restringida al ratón de los volcanes (Neotomodon alstoni) y el conejo zacatuche (Romerolagus diazi) conocido también como Teporingo, animales cuyos géneros son exclusivos de México. Se considera que son mamíferos antiguos, especies relictuales de lejanos periodos geológicos. El zacatuche alguna vez existió en el Ajusco, todavía en los años cincuenta, pero la degradación de su hábitat provocó su desaparición y ahora solamente es posible encontrarlo en torno al volcán Pelado.
Muchas de estas especies es posible observarlas en la noche.
Una especie importante es la perdiz de los volcanes (Dendrortyx macroura), mal llamada gallina de monte, habitante casi exclusiva del Eje Neovolcánico y que encuentra refugio en los bosques de oyamel del Ajusco. Emite un característico sonido que a veces se escucha a varios metros de distancia sobre todo en el crepúsculo. Sin embargo, las posibilidades de ver a las perdices son más bien escasas ya que son muy escurridizas. Es una especie catalogada como frágil por su distribución restringida y su hábitat amenazado cada día más por la tala indiscriminada.
Un grupo de aves típicamente nocturnas son búhos y tecolotes. Son importantes por su condición de riesgo y entre las que están amenazadas figuran el búho de cara obscura (Asio stygius), el tecolote afilador (Aegolius acadicus) y el tecolote cornudo (Bubo virginianus), que es el ave más grande de todas las mencionadas. Y de las que son raras está el tecolote serrano (Glaucidium gnoma). Están en riesgo de extinción por la pérdida del hábitat, el tráfico ilegal y el ser perseguidos por las falsas creencias de la gente.
Encontramos que la gran mayoría son endémicos de México e incluso hay varios que solamente viven en el Eje Neovolcánico.



Destacan los ajolotes como el de Zempoala (Ambystoma zempoalaense) y el ajolote de arroyo (A. altamiranoi) que viven en corrientes de agua. Otros ejemplos son la salamandra (Pseudoeurycea altamontana), las ranas (Hyla plicata, Rana tlaloci y R. neovolcanica), el falso dragoncito (Barisia imbricata), las serpientes de cascabel (Crotalus polystictus, C. triseriatus y C. transversus), en especial esta última especie de cascabel de bandas, es sumamente escasa.
Como puedes ver, la vida silvestre que hay en el Ajusco y zonas aledañas, tiene una distribución geográfica muy restringida y varias de ellas están al borde de la extinción. Así que cuando lleves a cabo el recorrido en bicicleta y te encuentres con alguno de estos seres vivientes, es muy probable que se trate de una especie mexicana, por lo que debes estar consciente de la gran importancia de esto y de la gran responsabilidad que como ecoturistas tenemos para su conservación