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![]() AVENTURA sin límites
Destino: Hidalgo Actividades: cañonismo escalada bici de montaña senderismo y más... Entre cañones, paisajes increíbles y todo un concierto de grandes rocas, el estado de Hidalgo es el lugar ideal para vivir la aventura Nuestra aventura comenzó en la Ciudad de México hace un par de semanas en una reunión de amigos, ya saben, aquellas de jueves por la noche donde te pasas un rato agradable y platicas un poco de todo, y de vez en cuando conoces gente nueva. Bueno pues, de plática en plática, surgió el tema de los recorridos de aventura, de todas las cosas interesantes que pueden hacerse fuera de las grandes ciudades, lejos del ajetreo cotidiano y donde puedes olvidarte de todo. Algunos de los presentes ya habían tomado algún recorrido de este tipo, donde haces rappel o bici de montaña e incluso había quien practicaba la escalada en roca; obviamente, no faltaron los comentarios de lo arriesgado y poco común de este tipo de deportes. Por supuesto, tales comentarios provenían de gente poco relacionada con estos temas que, como yo, ven lejana la posibilidad de practicar estas actividades: al fin y al cabo 100% citadinos. El escalador que nos acompañaba en la reunión, de nombre Josué, explicó que estos deportes, a diferencia de lo que todo mundo cree, son muy seguros si los practicas como debe ser, además de que te brindan una oportunidad única de sentir y vivir la naturaleza. Para aquellos que pensábamos que era muy difícil o arriesgado, Josué nos invitó a vivir un fin de semana de aventura, invi-tación que cuatro de los ahí presentes aceptamos. Nos preparamos para la salida de dos días, de sábado a domingo. Paco, pieza importante de la aventura ya que proporcionaría el transporte, invitó a un par de amigos y sus respectivas novias, que sabía les encanta este tipo de actividades, en especial la bici de montaña. Reunimos el equipo que Josué previamente nos pidió: sleeping bags —había que acampar—, ropa ligera para el día y abrigada para la noche, tenis o zapatos de montaña, así como una muda adicional —por si se mojaba la puesta—, no entendimos bien dónde nos íbamos a mojar pero la llevamos; provisiones y, por supuesto, muchas ganas; el resto del equipo lo proporcionaría Josué. En total éramos ocho personas que viajaríamos desde el D.F., cuatro que estuvimos en la reunión más cuatro invitados; Josué, quien nos esperaría en Pachuca, convidó a unos amigos escaladores al recorrido, con el fin de que lo apoyaran con los novatos —nosotros—. La cita sería en la Plaza del Reloj de Pachuca. Llegó el día y temprano subimos todo a la camioneta Ford Expedition y aban-donamos la ciudad rumbo a Pachuca. Una vez ahí se hicieron las presentaciones de rigor y tomamos la ruta, por cierto muy bien señalizada, hacia el Corredor de Montaña del Parque Nacional El Chico. Son impresionantes los contrastes de vegetación en el estado de Hidalgo, ya que va de semidesértico —conforme subes— a un ecosistema de bosque. Unos 20 minutos tomó llegar del centro de Pachuca hasta un paraje conocido como “Las Ventanas”, famoso entre los esca-ladores por la variedad de monolitos que ahí se encuentran. Para los que no teníamos mucho conocimiento de escalada, y en especial de la técnica del rappel, se hizo una pequeña práctica, donde realizamos algunos descensos en una pared de 35 m llamada La Bullonga, con el propósito de familiarizarnos con la técnica y también con el Parque mediante una plática. Concluidas ambas, entrenamiento y plática, retomamos el camino, aproxi-madamente a 5 km de “Las Ventanas” rumbo a Mineral del Chico, dejamos la carretera para tomar una desviación e internamos en el bosque por un camino de terracería. Ahí es cuando se agradece a los ingenieros que diseñan vehículos “todoterreno”, porque qué divertido es manejarlos, realmente no parece que se vaya en un camino tan rudo. Entre baches, vados y pendientes por fin llegamos a un valle llamado Tlaxcalita: primera etapa del recorrido. Tomadas las mochilas, nuestros guías acomodaron cuerdas, arneses, mos-quetones y demás equipo para iniciar una caminata hacia el misterioso lugar que Josué nos reveló hasta ese momento. La sorpresa no se trataba de una caminata en el bosque, ni de “rappelear” ni escalar ni cruzar un río, sino todo junto: un recorrido de cañonismo, ¡sí, de cañonismo! El plan incluía recorrer el cauce de un río rodea-do por gigantescas paredes, donde hay cuevas, cascadas, pozas de agua y escar-pados riscos, en fin, todo lo que puede generar adrenalina pura. Con el plan propuesto nos pusimos en marcha. A partir de donde dejamos la camioneta, que es una de las partes más altas del Parque, comenzamos a bajar hasta llegar a un paraje denominado Valle Quemado, debido a que hace mucho hubo un incendio en esta zona y dejó algunos estragos en la vegetación que, afortuna-damente, está empezando a recuperarse. La zona se encuentra al suroeste del po-blado de Mineral del Chico; en este punto hay una especie de mirador formado por un gran piso de roca, desde el cual se aprecian varias de las escarpadas peñas muy cotizadas por los escaladores debido a su alto grado de dificultad: la Peña de la Bruja, Las Monjas, Panales, La Blanca, La Colorada y Agujas, todo un concierto de rocas moldeadas por la naturaleza. Después de un descanso contemplando el maravilloso escenario, seguimos nuestro camino hasta llegar a un angosto paso, sendero que formaban dos inmensas rocas, separadas en su parte más estrecha por unos 45 cm, de tal suerte que sólo cabe una persona pasando de costado. Este estrecho pasaje es la entrada al paraje que se conoce como Paraíso Escondido y de veras que hace honor a su nombre. Si-guiendo un sendero que se corta por el paso de un pequeño río llegamos a la antesala del cañón, bóveda formada por enormes rocas que, según nuestros guías, en época de lluvias el agua del río la llena casi por completo unos dos metros. Cuando la cruzamos tenía poca agua, no más de 5 o 10 cm. Finalmente llegamos al término de la senda y al inicio del recorrido de cañonismo. Llegó la hora de colocarse los arneses y de poner en práctica la breve clase de rappel. Nos llamó la atención que tres de los amigos de Josué se colocaran un traje de neopreno, según explicaron, a fin de mantener la temperatura del cuerpo; nosotros guardamos en las llamadas bolsas secas aquello que pudiera mojarse. Iniciamos el descenso de 25 metros a rappel donde la luz del sol disminuye hasta 60% y la acústica cambia por completo. Después de recuperarnos del descenso y afinar vista y oídos, dimos cuenta de lo impresionante del escenario: enormes paredes de roca sólida y vertical por el cual corre, al fondo, un río que lleva agua todo el año producto —principalmente— de la condensación de la humedad de los bosques de oyamel, encino y pino. En época de lluvias el cauce aumenta y, dependiendo de la época, la temperatura del agua disminuye notablemente. Comenzamos la travesía caminando por el riachuelo y, a medida que avanzábamos, el agua se estancaba llegándonos a las rodillas; ahora nos explicábamos lo de la muda de ropa. El sonido que el agua hace al correr y caer por diferentes pendientes del ca-ñón pareciera relajar o incluso hipnotizar: buena terapia de la naturaleza para los novatos en deportes de aventura. Aproximadamente a 15 metros de distancia del lugar del primer rappel, nuestros guías montaron una “tirolesa” tipo pasamanos de 10 metros de largo con cuerdas y ayudándose de un gran tronco como puente, con algo de equilibrio cruzamos una pequeña poza de agua. En ocasiones puedes tocar las dos paredes del cañón con tan sólo extender los brazos, incluso hay tramos donde los muros se acercan tanto que puedes librar algunas partes apoyándote con los brazos o con la espalda. Al tocar los muros puedes sentir la textura y temperatura de la roca que, aunque fría, en ocasiones pareciera estar viva, ¡algo increíble! Seguimos caminando por el riachuelo y cruzamos entre dos inmensas rocas que se miran pequeñas ante la altura de las paredes; ahí topamos con un pequeño barranco, por lo que Josué realizó un rappel de 6 m, escaló otro tanto hasta colocar un pasamanos de aproximadamente 8 m, que el resto del grupo debía cruzar sujetándose de las rocas y protegidos por la cuerda: ¡guau!, ¡ahora sí había bastante adrenalina! Finalmente, algunos con más trabajo que otros, cruzamos el barranco. Nos topamos con un colibrí despistado, probablemente buscando la salida, su aleteo, casi imperceptible en campo abierto, aquí se escuchaba como una especie de motor. Continuamos y el pa-norama se ponía más complicado: había que tener cada vez más cuidado ya que caminamos por una ladera de 1.5 metros de ancho, con un desfiladero de 10 metros del lado derecho. Recobramos el aliento y con un poco de frío, porque en estesitio se forma una fuerte corriente de aire, teníamos los zapatos y parte del pantalón algo húmedos, y había que esperar a que cada persona cruzara. Llegó el momento de un clásico chocolate Carlos V para entrar en calor y reponer energías. Después del “tentempié” hicimos otro rappel de 15 metros, fue entonces que comenzó una de las partes más divertidas y, finalmente, supimos para que los trajes de neopreno: este rappel te deja en una poza de agua, que son pequeñas albercas de roca de 1.80 a 2 m de profundidad, las cuales pueden atravesarse nadando, pues son de apenas 4 metros que en época de calor se puede hacer hasta sin camisa, pero en enero lo recomendable es con traje de neopreno. Afortunadamente, para aquellos que no la llevamos hay una salida: a rappel cruzando por una lado de la poza. Los intrépidos que llevaban traje se lanzaron a la poza para encontrarnos al final de ella y poder seguir caminando por el riachuelo. Después de librar algunos obstáculos, nos detuvimos a la entrada de una pequeña cueva. Josué comentó que ese era el último tramo del cañón y, a partir de este punto, en adelante nadie sale seco, hay que mojarse por completo. Esto implicó tomar una importante decisión: elegir entre terminar el recorrido aquí o seguir adelante, pero considerando lo divertido de la poza anterior y que sería poco tiempo lo que estaríamos húmedos, no nos importó y todos entramos. Caminas pegado a la pared de roca rodeando una poza de unos 3 m de profundidad para llegar a otra de 1.70 m, donde el agua te llega al pecho. De momento sientes algo de frío que en lugar de entorpecerte te da una vitalidad repentina, ¡y vaya que la necesitas para lo que viene después!: una fabulosa cascada que se forma en una pared de 27 m, la cual hay que bajar a rappel, el más alto del recorrido. Vaya descenso, la cascada ocupa una tercera parte del muro y uno baja por la parte en que la roca está seca, pero a escasos centímetros de la caída de agua. Entre la concentración, algo de frío y la adrenalina, es uno de esos momentos fugaces en que sientes que dominas al planeta. Una vez terminado el rappel, llegamos a la última serie de pozas, tres en total, de distinta profundidad; en la última hay que zam-bullirse y nadar un par de metros hasta salir y caminar nuevamente por un sendero de piedra de río y agua cristalina, bellísimo, de aproximadamente 30 metros con una inclinación de 30 grados, lo que hace que poco a poco vayas saliendo del agua y te topes con los muros de roca más altos e impresionantes de todo el cañón; en ese lugar, y alrededor de la una de la tarde, entran algunos rayos solares por unos minutos que se cuelan entre las paredes y que generan un haz de luz que no debes perderte. ![]() En este punto los muros tienen una coloración café y verdosa, debido al moho que se forma. Finalmente, hay que trepar algunas rocas, con las manos frías y en-tumidas llegas a sentir que las rocas son una especie de cuchillos; de pronto, las gigantescas paredes quedan atrás y el cañón termina aunque el río sigue su curso. Rápidamente salimos del agua a un pe-queño paraje en donde afortunadamente entraba bastante sol; luego, todavía algo azules, encendimos una fogata para entrar en calor. Mientras, Josué nos platicó que el trayecto que hicimos dura aproxima-damente tres horas y que el recorrido es apto para gente con buena condición física de todas las edades. Al tiempo que lo escuchábamos íbamos cambiándonos la ropa mojada y nos preparamos para regresar a través del bosque por un sendero hasta la camioneta para comer y posteriormente escoger un lugar para armar el campamento. Después de la comida y de platicar un rato, los amigos de Paco, el de la camioneta, decidieron bajar sus bicis, ponerse su equipo y hacer algo de ruta, mientras el resto del grupo buscamos un lugar para el campamento, aprovechando la luz del día que en esta época se agota pronto. Por la tarde-noche, después de encender la fogata y aprovechando el cielo despejado, sacamos los binoculares, algunas botanas y terminamos la jornada observando las estrellas que desde este lugar se ven bastante bien. Afortunadamente esa noche no hizo tanto frío como en otros años —según comentó Josué—; a la mañana siguiente, algunos nos levantamos temprano y las maravillas del bosque se hicieron presentes nuevamente, pues fuimos testigos de cómo una mañana despejada empezó a ser invadida por una espectacular bruma que venía de quién sabe dónde, pero que se veía increíble. Los chavos de la bici nuevamente se escaparon a pedalear, pero en esta ocasión sí los pude acompañar y me di cuenta del porqué de su afición: la sensación de pedalear en la montaña es algo diferente, y claro, dependiendo de la habilidad y práctica, las rutas que puedes elegir varían en grado de dificultad, pero como llevaban invitado novato fue una ruta sencilla. Levantamos el campamento y nos preparamos para el segundo día de aventura. Ahora tocaba el turno a la escalada en roca; aprovechando las maravillas de Hidalgo cambiaríamos de ecosistema: dejaríamos el bosque de montaña para continuar con semidesierto. Luego de empacar y subirnos a la camioneta, dejamos el Parque Nacional El Chico para di-rigirnos a “El Arenal”, lugar que se encuentra a 20 minutos de Pachuca. Como no habíamos desayunado, por unanimidad se decidió pasar al pueblo de Mineral del Chico por unos pastes. Los pastes son una especie de empanadas rellenas principalmente de papa, cebolla y carne molida y son el platillo típico de la región. Si vas al pueblo de Mineral del Chico no dejes de probar los pastes de los “Compadres”, pregunta en el pueblo y los encontrarás fácilmente. Como su nombre lo indica, Mineral del Chico fue un pueblo minero que data de 1565 y se caracteriza por sus callejuelas sinuosas y empedradas y sus casonas de anchos corredores. Tómate tiempo para visitarlo, vale mucho la pena. Después del desayuno (barriga llena, corazón contento), seguimos la marcha; en Pachuca tomamos por la carretera número 85 que lleva a la población de Actopan. Por dicho camino, y a lo lejos, se divisa un macizo rocoso cuya cima era nuestro siguiente objetivo. Se les conoce como “Los Frailes” porque la roca forma cuatro siluetas muy parecidas a unos religiosos encapuchados y, según nos comentaron, es un sitio excelente para escalada en roca. Para llegar ahí hay que entrar por el pueblo de San José Tepenené, unos kilómetros antes de Actopan, y tomar un camino de terracería: “a ocho kilómetros llegan a ‘Los Frailes’”, comentó el tendero donde compramos unos refrescos. Nuestros amigos del pedal no resistieron la tentación y decidieron recorrer el trayecto en bici, así que acordamos vernos a la falda del mencionado macizo. Una vez que la camioneta quedó sin bicicletas era momento de ponerla a prueba en un camino hecho para ella, así que iniciamos el ascenso por un camino sinuoso, con vados y todo lo que caracteriza una buena terracería. Comprobamos de lo que es capaz un buen “todoterreno”: hacer placentero y divertido un viaje entre agujeros y obstáculos. Llegamos a un pequeño claro donde pudimos estacionar el vehículo, sacamos el equipo e iniciamos la caminata por una vereda que nos llevó por todo el filo al pie del macizo. Pasamos junto a la base del “Acólito”, roca así denominada por su proximidad con “Los Frailes”. Después de veinte minutos de caminata llegamos a la parte posterior de “Los Frailes” donde se iniciaría el ascenso. La altura del lugar es de 2,140 MSNM y ¡vaya que la vista de todo el valle es impresionante y llena de contrastes!: del color café y arenoso —predominante en toda la ruta de ascenso— pasamos al verde, un área boscosa justo a la falda de “Los Frailes”. Caminamos casi a la mitad del macizo donde a través de una grieta se llega a la base de las rutas. Y una vez más a generar adrenalina. Con el equipo listo atendimos las indicaciones de nuestros guías… ¡y a subir! Previamente, Josué y sus amigos armaron la ruta para que se facilitara el ascenso a los menos experimentados. Empezamos a cruzar la grieta y llegamos a una especie de claro de donde parten las rutas; las hay de diferentes grados de dificultad. Josué platica que la dificultad de los sitios de escalada se cataloga por números y la ruta que estábamos haciendo es de número 8. Desde cualquier punto, “Los Frailes” se ven inmensos y, por supuesto, cuando los estás escalando aún más. No llegamos muy arriba, fue sólo una probadita; subimos por una de las paredes de los monolitos poco más arriba de la mitad, y vaya sensación, ¡la vida te corre por las venas!, algo realmente intenso. Tras descender a la base y contemplando el paisaje, un lugareño que andaba de paseo con su familia nos platicó que cuando en la zona no llueve en época de siembra, se hace una ofrenda a “Los Frailes” llevándoles, a través de la grieta que acabábamos de cruzar, toda clase de alimentos especialmente preparados, como mole, dulces, pulque, ¡todo un banquete! Y ya con el hambre haciendo estragos, comenzamos el descenso rumbo a la camioneta donde ya nos esperaban los amigos ciclistas. Agotados, cada quien tomó su lugar y emprendimos el regreso a la Ciudad de México. En el camino, en aquel silencio producto de la combinación de emoción, cansancio y adrenalina, pensé lo afortunados que somos al tener en nuestro país toda esta variedad de lugares para conocer y disfrutar, Cañonismo El cañonismo es la exploración de los barrancos y cascadas que hay en un cañón. Aunque no todos los cañones tienen agua, ésta es una de las actividades preferidas para aquellos que disfrutan de los deportes en el medio acuático. Para esta actividad se concentran varias técnicas básicas de montañismo, como rappel, saltos, senderismo y natación. Cuando el cañón lleva agua y la temperatura es baja, es recomendable utilizar un traje de neopreno con refuerzos en codos y rodillas. Utiliza calzado que te proteja los tobillos y que tengan un buen agarre en superficies mojadas. Asegúrate de guardar tu equipo en mochilas impermeables en caso de practicar este deporte en cañones con agua. La mejor manera de practicar el cañonismo es con la asesoría de un instructor o alguien que cuente con mucha experiencia y que te pueda enseñar las técnicas del deporte y reglas básicas de seguridad. Afortunadamente, México cuenta con gran cantidad y variedad de cañones a lo largo de su territorio, así que: ¡agarra tu equipo y ve a explorarlos!y no sólo playas que, aunque de ensueño, sólo son una pequeñísima parte de lo que El Parque Nacional El Chico El Parque Nacional El Chico se encuentra situado en el extremo occidental de la Sierra de Pachuca, es una cordillera escarpada en la que sobresalen numerosos cerros que por la acción del viento y del agua han dado origen a figuras caprichosas a las que los pobladores de la región han denominado de acuerdo con la figura que aparentan. La altitud del Parque va de los 2,320 metros hasta su sección más alta, en el poblado de Mineral del Chico, a 3,090 metros de altura sobre el nivel del mar. En 1898 se convirtió en el Primer Parque Nacional decretado como reserva natural en México. Tiene una superficie total de 2,739 ha cubiertas de extensos bosques de pino, encino y oyamel. Cuenta con una fauna muy variada, entre la que destacan más de 800 especies de aves como palomas, halcones, jilgueros y gorriones, así como venados y víbora de cascabel, entre otras especies. Todas estas características hacen de este Parque un lugar ideal para la práctica de diversos deportes de aventura como bicicleta de montaña, senderismo, campismo, escalada en roca y cañonismo. ¡Ven y conócelo!México tiene. ¿Quién te lleva? Turismo Xtremo Esta empresa se dedica a la promoción del ecoturismo y el turismo de aventura en Hidalgo, cuenta con muchas opciones: campamentos, senderismo, bicicleta de montaña, escalada, espeleología, rappel y por supuesto el recorrido de cañonismo que te prensentamos en este artículo. Para mayores informes, comu-nícate con Josué Bustos al tel. 01 (771) 1070 696, también lo puedes localizar en: www. turismoxtremo.com. Más información en la Secretaría de Turismo de Hidalgo al tel. lada sin costo 01 (800) 718 2600. |
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