![]() |
![]() |
|
![]() CAÑON DEL SUMIDERO
POR CIENTOS DE AÑOS FUE UN ÁREA IMPENETRABLE, EL ÚNICO PUNTO QUE DETENÍA LA NAVEGACIÓN POR EL RÍO GRIJALVA SE CONVIRTIÓ EN UNA OBSESIÓN PARA MUCHOS AVENTUREROS QUE INCLUSO PERDIERON LA VIDA ENTRE LAS ENORMES PAREDES DE ESTE CAÑÓN Antes de 1980 y de que las aguas del río Grijalva subieran de nivel a lo largo y ancho del cañón debido a la construcción de la presa de Chicoasén, el Cañón del Sumidero era prácticamente inexpugnable. En esta área, el río Grijalva descendía majestuoso unos 600 m en un trayecto de 25 km, y sus agitadas aguas, convertidas en espuma, se precipitaban entre paredes de más de 1,000 m que contenían 19 rápidos, 11 cataratas, tramos de tupida selva, rocas gigantescas, grandes cocodrilos y caimanes, animales exóticos (quetzales, guacamayas), iguanas de hasta 3 m (de cabeza a cola) y muchos parajes de extraordinaria belleza con riachuelos de aguas frescas y cristalinas. Desde los tiempos de la Conquista, y seguramente también en la época prehispánica, muchos aventureros sucumbieron ante la magnitud de la travesía. En 1527, el capitán Luis Marín trató de hacer esta travesía pero falló. En el año de 1869, tres franceses, Pedro Gastinel y los hermanos Faudon, entonando las notas de La Marsellesa, abordaron una frágil canoa y trataron de atravesar el cañón. Murieron en la aventura, quizá destrozados por los fuertes raudales que resguardaban la entrada del cañón. De 1915 a 1922, el maestro Marcos E. Becerra y un grupo de chiapanecos, realizaron avances importantes pero no se lanzaron a la gran aventura. Este grupo fue el primero en explorar la parte superior del cañón. El 17 de mayo de 1958, una expedición perfectamente equipada del Heroico Colegio Militar, al mando del general y ex gobernador de Chiapas, Francisco J. Grajales, se propuso cruzar el cañón. Después de muchas penalidades llegaron a la altura del mirador la Coyota, donde quedaron varados y desistieron de continuar. Hasta entonces era la expedición que más había penetrado al Cañón del Sumidero, dos o tres kilómetros desde el paraje La Ceiba. En el mes de mayo de 1959, un grupo de estudiantes norteamericanos, capitaneados por la intrépida y famosa “Mujer de los Ríos”, penetró un pequeño tramo y regresó después de constatar que la travesía era superior a sus fuerzas. En el mismo año, el explorador español de nombre Francisco Fernández Alberdi, a bordo de un bote construido por él mismo, se internó en solitario una mañana: nunca se supo la suerte que corrió dentro del caudaloso río Grijalva. No es sino hasta el 7 de abril de 1960 cuando el Cañón del Sumidero fue doblegado y conquistado por un grupo de exploradores mexicanos que, después de siete días de travesía en donde recorrieron a pie, escalaron, nadaron y flotaron por las aguas del cañón, en lo más agudo de la época de secas, lograron salir victoriosos de semejante hazaña. El grupo, conformado por ocho integrantes y dirigido por el profesor Jorge Narváez, se llamó “Pañuelo Rojo”. Dos años después, un grupo de expedicionarios norteamericanos, compuesto por 16 integrantes y dirigidos por Jack L. Currey, repitió la hazaña en diez días. En 1980 se construyó la presa de Chicoasén, provocando que el cañón quedara inundado y dejando bajo el agua aquellos peligros y maravillas..., y haciendo navegable el Cañón del Sumidero. ![]() Después de conocer las historias de estros hombres y las descripciones que muchos de ellos hicieron de este majestuoso lugar, sentimos la necesidad de conocer y ver con nuestros propios ojos el escenario que atrajo a exploradores de varias partes del mundo e incluso los “obligó” a arriesgar su propia vida por tratar de conquistarlo. Para visitar el Cañón del Sumidero es preciso llegar a Tuxtla Gutiérrez, capital del rico y vasto estado de Chiapas. Una vez ahí, nos encontramos con Moisés, quien fungiría como nuestro guía local para realizar la visita al cañón. Tras revisar los mapas en el hotel, su recomendación era efectuar el recorrido desde dos perspectivas, la primera —sugería él— consistía en hacerlo por tierra, haciendo breves escalas en los diversos miradores del Parque Nacional Cañón del Sumidero. La segunda consistía en efectuar el recorrido en lancha, a lo largo del río, para admirar las impresionantes paredes que lo conforman y de ahí dirigirnos hacia donde acamparíamos por la noche. Para llevar a cabo nuestro propósito, decidimos abastecernos de víveres así como de los últimos detalles en el mercado de Tuxtla, que se encuentra a espaldas de la catedral, en el centro de la ciudad. Hacerlo resultó sencillo, pues por fortuna en el mercado aún se encuentra una gran variedad de frutas frescas, quesos, semillas y viandas para todos los gustos y a precios razonables. Una vez comprado lo necesario, iniciamos el recorrido del cañón desde sus miradores; hay un total de seis, con vistas impresionantes, los cuales, durante mucho tiempo, fueron la única forma segura de disfrutar del cañón, ya que recorrerlo, como se mencionó, era considerado una locura que sólo unos cuantos intentaron. Después del recorrido por algunos miradores, con el fin de darnos una primera idea de la magnitud de este coloso natural, nos dispusimos a seguir con inquietud e impaciencia, pues nos aguardaba aún la parte más ardua y emocionante: el trayecto por el río. El embarcadero El desplazamiento a Chiapa de Corzo resultó ser sumamente rápido y sencillo, pues esta ciudad se ubica apenas a 15 km de Tuxtla y existe una amplia carretera entre ambas ciudades, además, también se ofrecen constantes servicios de autobuses y taxis, e incluso los realizan muchos de los operadores de viajes que organizan las excursiones. En los linderos de Chiapa de Corzo se encuentra el “Cahuarén”, uno de los embarcaderos para poder dirigirse al Sumidero y hacer el recorrido. Tres cooperativas operan regularmente, cuyos viajes consisten en recorridos por lancha con poco más de un par de horas de duración, realizando trayectos de aproximadamente 35 km; los precios varían en función de la temporada y del número final de paseantes. Ahí abordamos, con equipos y guarniciones, la lancha con su motor fuera de borda que nos conduciría hacia el interior del cañón. Abordarla fue sencillo: había que colocar la carga en forma balanceada y ponernos los chalecos salvavidas, con mucha pericia el conductor giró la lancha para enfilar hacia nuestro ansiado destino. Recorrer el cañón implica mucha atención y darse a la tarea de observar minuciosamente, pues el interés no sólo reside en las formaciones geológicas que le dieron origen, sino también sobre las especies de flora y fauna que lo habitan. ![]() Origen del cañón Desde el punto de vista geológico, se trata de una serie de fosas que tuvieron su origen en un largo proceso de perturbaciones telúricas, movimientos que permiten ahora observar capas calizas del mesozoico superior (80 millones de años), con estratos fósiles de organismos marinos, además de terrazas fluviales que fueron quedando al descender el río de sus antiguos niveles y profundizando su lecho, erosión que dejó simas y cavidades de extravagantes formas, así como enormes peñascos y canales subterráneos que, al encontrar rocas permeables, dieron origen a fuentes internas de almacena miento de agua que brotan sobre los muros del cañón en forma de cascadas (la mayoría de ellas temporales y mucho más notables en época de lluvias). A partir de su apertura original, algunos fenómenos naturales menores, el tiempo y la erosión del agua se encargaron de delinearle su forma actual (hace por lo menos 12 millones de años). A lo largo del Sumidero es posible apreciar estratos sedimentarios que constituyen sus paredes, curvas y cascadas que han marcado su forma pétrea, derivada de la disolución de las calizas; todas estas características lo convierten en un museo viviente. La entrada al cañón está marcada por el puente Belisario Domínguez, desde ese punto aún pudimos cotejar cómo poco a poco las paredes laterales comenzaban a ganar altura; sobre las laderas, la vegetación que se encuentra a la orilla del río resultaba ser más verde que la de las partes superiores, algunos juncos acompañaban las tranquilas aguas del Grijalva y las burseras, árbol conocido también como Palo mulato, destacaban por sus colores vivos. Poco a poco las descripciones que habíamos tenido oportunidad de leer del grupo “Pañuelo Rojo” comenzaban a cobrar vida y ahora podíamos comprender mejor la magnitud de aquella hazaña. Nos detuvimos en una planicie de roca donde varios zopilotes (Coragyps atratus) extendían sus alas al sol, estas aves carroñeras (para muchos no tan agradables) resultan ser de suma importancia y utilidad para un ecosistema como el del cañón, pues constantemente se encargan de consumir los restos de los animales que mueren en lugares inaccesibles para el ser humano y para otros depredadores. Sobre las mismas laderas y a pocos metros de distancia, comenzamos a ver los cocodrilos de río (Cocodrilus acutus), que aprovechaban el intenso sol matinal para calentar su cuerpo, mientras, de cuando en cuando, alguna otra lancha con más visitantes pasaba con rapidez. Estos cocodrilos llegan a alcanzar hasta 4 m de longitud. Nuestra primer parada en tierra la hicimos en el sitio en donde aún existen algunos vestigios de las antiguos pobladores, probablemente zoques o chiapanecas, que habitaban en las inmediaciones del cañón. Para los amantes de la arqueología este sitio es importante, pues resulta evidente cotejar que por la magnitud inherente del cañón era considerado como centro ceremonial (quizá dedicado a Mandanda, divinidad del agua); las mismas construcciones que aún quedan en pie, pequeñas pirámides, muestran una disposición y construcción apropiadas para ello. Sin ser de gran tamaño, dan testimonio de la relación que guarda nuestra especie con el cañón y posiblemente este sitio fue también uno de los escenarios de la Conquista. A esta zona se le conoce como “Chapa Viejo” o “El Sumidero”. Nuevamente abordamos la lancha que siguió el curso del río; de ahí en adelante dio comienzo una impactante aventura de acantilados formados por las interminables paredes del cañón, a veces cubiertas por árboles y arbustos que crecen afianzándose de unas escasas raíces, otras, permitiendo ver la roca expuesta en grandes verticales que cuentan cientos de metros. No dejamos de voltear de un lado a otro hacia arriba, en ocasiones calculando la altura de los peñascos, a veces preguntándonos cómo es que llegó a formarse el cañón. Las paredes han ganado gran altura rápidamente y poco a poco fuimos quedando empequeñecidos. No falta el compañero que solicita al conductor que baje la velocidad para poder fotografiar tan extraordinario panorama. ![]() El trayecto se lleva a cabo por el ahora amplio caudal del río, de pronto un par de lanchas están detenidas frente a una pequeña área de selva mediana subcaducifolia, el conductor se acerca y no tardamos en ver un grupo de monos araña (Atteles geoffroyi), que se balanceaban en las ramas de los árboles de mayor altura, mientras observábamos, simultáneamente escuchamos cómo se zambullía en el río un par de cocodrilos de cerca de dos y medio metros de largo que, habiéndoles alterado su solaz descanso, se disponían a encontrar otro sitio menos ruidoso. Al continuar el recorrido, y no muy lejos de ahí, varios pelícanos (Pelecannus occidentalis) posaban en las ramas, sin hojas, de las burseras. De ahí el conductor se dirigió a una oquedad que han llamado la cueva de colores, donde, efectivamente, pudimos apreciar las diferentes concentraciones de mineral sobre las paredes, lo que les da un aspecto rosado que se entremezcla con el ocre, además, ahí han colocado una placa en honor a Manuel Álvarez del Toro, entusiasta conservacionista, quien impulsó activamente que el Cañón del Sumidero fuera decretado Parque Nacional, y quien siempre promovió el cuidado de las especies de flora y fauna a lo largo de todo el país, motivo por el cual el zoológico del estado (el Zoomat) también lleva su nombre. Los escaladores Más adelante, y tras haber pasado el último mirador (Los Chiapa), el cual apenas y se alcanza a ver desde el río sobre una pequeña mesa que las rocas han formado y que seguramente desaparece cuando el río crece, observamos a un grupo de escaladores que trabajaban sobre una pared. Pedimos al conductor que se acercara al grupo y, tras saludarnos, empezamos a platicar sobre sus propósitos. Resulta que han conformado el grupo “Escala”, que tiene como objetivo, entre otros, abrir rutas de escalada en roca sobre algunas de las paredes del cañón, con el fin de que algunos de los visitantes más osados puedan desarrollar dicha actividad. En ese momento, se encontraban haciendo ruta y “limpiando” la pared que llega a una cueva que se le conoce como “La cueva del águila”. Sin duda, un lugar que en no mucho tiempo podrá ser explorado por un mayor número de personas. El cañón guarda muchos retos, no sólo el recorrerlo, sino ahora el desafío es el conquistar muchas de sus inmensas paredes, algunas de ellas totalmente verticales y con más de 700 m de altura. Árbol de Navidad Continuamos por el trayecto del río y pasamos por la formación rocosa denominada “Árbol de Navidad”, que semeja a un oyamel de grandes dimensiones que sobresale en relieve de la pared, cuyas salientes sirven como sustrato para algunas plantas pequeñas, lo que le otorga su distintiva tonalidad verde sobre el resto de las paredes adyacentes. Dicha formación es muy visitada por los grupos de turistas que recorren el cañón y se ubica poco antes de desembocar a donde las paredes se interrumpen para albergar un inmenso cuerpo de agua de algunos cientos de metros de profundidad. Antes de dirigirnos a las instalaciones del parque ecoturístico Cañón del Sumidero —lugar donde habríamos de acampar—, visitamos un gran promontorio que quedó rodeado de agua, una vez que la presa Chicoasén (también llamada Manuel Moreno Torres) comenzó a operar; el montículo ahora es conocido como “La isla”, lugar donde anidan cientos de aves, entre ellas diversos tipos de garzas y garzones (Egretta thula, Egretta alba y Casmerodius albus), así como gran cantidad de cormoranes (Phalacrocorax olivaceus), donde es fácil diferenciar a los juveniles (que aún se pertrechaban con las ramas) de los adultos. ![]() Llegada al parque De ahí regresamos un pequeño trecho hacia el embarcadero del parque, donde descendimos con nuestras cosas. El personal nos recibió amablemente, indicándonos dónde y con quién habríamos de dirigirnos para ubicar el campamento. De inmediato procedimos a instalarlo para descansar un rato, antes de recorrer, ya sin la carga, algunas de las instalaciones del Parque Ecoturístico. Cuando las nubes bajan sobre el parque —que está rodeado de grandes paredes y frente a una gran extensión de agua—, provocan que esta parte del cañón semeje una isla desierta, un territorio perdido y alejado del mundo (que en parte todavía lo es), como de una película de ciencia-ficción. Su infraestructura ha sido construida con la finalidad de generar el menor impacto posible a la zona, está diseñado para que el visitante realice actividades ecoturísticas, recreativas, de investigación y conservación dentro del Parque Nacional; procura el aprovechamiento sustentable en una zona donde existía un fuerte impacto —al haber sido un sitio dedicado a la ganadería— y, como otros esfuerzos similares que apenas inician, habrá de generar recursos para la protección de dichos espacios. El parque, con una extensión de 210 ha, cuenta apenas con seis de ellas construidas, construcción que se propone fungir como modelo; ya tiene algunos senderos que invitan a conocer su flora (orquídeas, bromelias, ceibas, etc.), así como con algunos ejemplares —provenientes de criaderos especializados o rescatados de particulares— de fauna de la zona: puma (Felis concolor), jaguar (Panthera onca), mono araña, hocofaisán (Crax rubra), tucán (Ramphastos sulfuratus), tucaneta (Aulacorhynchus prasinus), guacamaya roja (Ara macao) y algunos otros. Para entonces, el sol ya estaba tras las montañas y la luz comenzaba a menguar, concluimos las últimas actividades del intenso día con una comida en el campamento y viendo las estrellas del limpio cielo nocturno. Segundo día Despertamos casi al alba y la primera actividad prevista era el avistamiento de aves, a lo lejos escuchábamos a las chachalacas (Ortalis vetula); el parque cuenta con una zona de selva mediana subperennifolia que ofrece refugio y alimento a muchas aves, pudimos ver a la hermosa urraca cariblanca (Calocitta formosa), la cuco ardilla (Piaya cayana), otro compañero alcanzó a observar al momoto coronado (Momotus mexicanus), vimos algunos colibríes que por su velocidad no pudimos identificar y sobre el agua volaba, en búsqueda de alimento, un águila pescadora (Pandion haliatus). Mientras tanto, la belleza insólita del cañón aguardaba bajo la neblina que descendía hasta sus aguas. Fue hasta más tarde que las nubes comenzaron a disiparse y el sol ya posaba sus rayos en las cimas del cañón justo frente a nosotros; la luna aún era visible. Una vez que levantamos el campamento, nos dirigimos al sendero para bicicletas de montaña, el cual tiene una longitud de 2.5 km, está bien trazado y, si se tiene buena condición, se puede seguir la ruta que solía utilizarse como vereda hasta la comunidad que tiene por nombre “El Triunfo”, desde donde, tras un recorrido de hora y media a pie, llegan a trabajar al parque muchos de sus empleados. Tras devolver las bicicletas en la estación, regresamos por algo de nuestro equipo, con el que nos dirigiríamos a explorar el cañón, ahora en kayak. Algunos osados han cruzado en su totalidad el cañón utilizando kayaks, extenuante recorrido que lleva algo así como siete horas remando con constancia y sólo recomendado para expertos. Cruzar así algunas partes del río no resulta tan complicado si uno tiene cautela. Nuestro recorrido no fue tan intenso pero sí nos permitió observar con tranquilidad y con la sencillez que el kayak ofrece, las inmensas paredes y sentirnos empequeñecidos ante el poder de la naturaleza. Algunos datos indican que la profundidad del río Grijalva en algunas partes del cañón llega hasta 300 m. Ahora imaginemos la altura de las paredes cuando la presa no existía y el nivel del agua era muy bajo, si así son impactantes las imágenes, para los primeros exploradores debió ser avasalladora, extenuante, de locura. Llegamos remando hasta la formación del “Árbol de Navidad”, muy cerca de donde encontramos a los escaladores. En el lento recorrer de las aguas del Grijalva observamos con cuidado las paredes moldeadas por el vital líquido; gran cantidad de plantas surge de ellas. Uno de los compañeros comentó que la CONABIO (Comisión Nacional para el conocimiento y uso de la Biodiversidad) tiene un proyecto para identificar y catalogar la mayor cantidad posible de estas plantas. Remando lenta pero constantemente nos dirigimos hacia nuestro siguiente punto de exploración: la Cañada Muñiz. A esta cañada sólo se puede acceder en lancha o en kayak, tiene aún la exuberante vegetación de la selva mediana y guarda en su interior una serie de arroyos y pozas en las que pudimos refrescarnos del calor del día, además, los manantiales nos permitieron beber el agua corriente (lo que para algunos de los compañeros era algo insólito). En ella pudimos ver, casi sobre las copas de los árboles, a un oso hormiguero (Tamandua mexicana) yendo de una rama a otra; abajo, gracias al dosel y a la humedad reinante, deambulamos entre gran cantidad de helechos, plantas y hongos. Este sitio es maravilloso, el sonido del agua relaja y la luz que se filtra entre el tupido follaje crea divertidas imágenes en el agua. Tomamos los kayaks y regresamos al parque donde tuvimos oportunidad de recorrer los atractivos faltantes como la tirolesa de 800 m y su aviario, donde nos topamos con un amigable tucán; por cierto, nunca habíamos tenido la oportunidad de estar tan cerca de una de estas aves y observar con lujo de detalles sus llamativos colores. Eran ya alrededor de las cuatro de la tarde y por la actividad del día requeríamos de buenos alimentos. La comida la hicimos en el restaurante del parque, el cual está construido en un mirador que permite ver la inmensidad del cañón y disfrutar de una muy buena cocina. A media tarde, en la última lancha disponible, por fin nos hicimos a la idea de regresar a nuestro lugar de origen. Embarcamos en el muelle, pero en esta ocasión la lancha nos llevó hacia la cortina de la presa Chicoasén. El trayecto, más corto que el de llegada, concluyó en el embarcadero del parque a un lado de la cortina de la inmensa presa. Cansados, pero aún con la emoción y la alegría de lo que pudimos atestiguar, de recorrer aquel cañón por muchos años impenetrable, emprendimos el recorrido final de regreso. Caía la noche y todavía había un buen trecho por delante. MIRADORES DEL CAÑON Para arribar a los miradores del Cañón del Sumidero hay que desplazarse hasta los suburbios del noreste de Tuxtla Gutiérrez (colonias Albania y Reforma). Una carretera bien trazada, con dos amplios carriles, permite el acceso a vehículos; ésta recorre en forma ascendente las colinas frente a la ciudad de Tuxtla Gutiérrez, para luego adentrarse hacia el lado oeste de las paredes del cañón; a lo largo de todo el trayecto, se desprenden pequeños caminos de terracería que van hasta los miradores: La Ceiba, La Coyota, El Roblar, El Tepehuaje y Los Chiapa, este último ubicado a 22 km de distancia de la capital del estado. El Parque Nacional está controlado por una caseta de acceso con personal de la CONANP (Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas), quienes permiten la entrada a los visitantes previo pago de una cuota —realmente simbólica— de $10 pesos por persona. Gracias a esta infraestructura, ahora podemos disfrutar de sus paisajes en los miradores superiores, donde también existen instalaciones para hacer observaciones con todo detenimiento. Desde el primer mirador, “La Ceiba”, se vislumbra hacia la derecha Chiapa de Corzo, y ya en un plano más cercano se percibe con claridad cómo las paredes van tomando altura paulatinamente y el río Grijalva queda apenas como una superficie móvil, a través de la cual las lanchas se adentran en los desfiladeros con sus visitantes. Desde el segundo mirador, “La Coyota”, se observan las proporciones de las inmensas paredes; tan altas resultan ser, que sólo se iluminan cuando el sol se encuentra en el cenit, pues fuera de esos momentos unas a otras se obstruyen el paso de la luz y esto, claro, determina la cantidad y tipo de vegetación que albergan, pues ésta varía de acuerdo con las condiciones de humedad existentes, la exposición al sol y los tipos de suelo en donde sujetan sus raíces. En el mirador del “Roblar” es preciso caminar por un largo sendero empedrado entre árboles y arbustos, que se presta para contemplar las aves y otras especies de fauna, que deambulan normalmente por la selva baja y mediana que llega hasta los acantilados. Desde la terraza, las vistas de las paredes siguen siendo impresionantes y la vegetación, que se afianza para no caer, resalta aún más las enormes rocas verticales. El mirador “El Tepehuaje”, el cuarto del recorrido, permite ver gran cantidad de aves que se balancean, apenas con extender sus alas, por las corrientes de aire que transitan por la parte alta del cañón. Seguramente podrás observar las dos especies de zopilotes más comunes, el de cabeza gris (Coragyps atratus) y el de cabeza roja (Cathartes aura), que son algunas de las aves más conspicuas, sobre todo en las partes altas, pues anidan en las oquedades que las paredes del cañón ofrece, sin que tengan las molestias que otros depredadores les causan a sus polluelos en otras circunstancias. El mirador “Los Chiapa”, en donde también se aloja el restaurante “El Atalaya”, el último por estar localizado en uno de los recodos más pronunciados que las paredes forman, prácticamente permite observar el cauce del río en unos noventa grados, que desaparece a la izquierda, en una superficie confinada cientos de metros por debajo del mirador. Existe un sexto mirador que no se incluye en la lista de los anteriores cinco debido a que se encuentra separado de esta ruta. Se le conoce como “Manos que imploran” y su acceso es por la carretera Chicoasén-Tuxtla Gutiérrez. ![]() PARQUE NACIONAL CAÑON DEL SUMIDERO El Cañón del Sumidero fue decretado como Parque Nacional el 8 de diciembre de 1980. Cuenta con una extensión de 21,789 ha. Se ubica en el estado de Chiapas, abarcando los municipios de Tuxtla Gutiérrez, Chiapa de Corzo, San Fernando, Usumacinta, Chicoasén, Soyaló e Ixtapa. La biodiversidad del área incluye cocodrilo de río, mono araña, hocofaisán, venado cola blanca y temazate, puma, ardilla, mapache, oso hormiguero, jabalí, jaguarundi, ocelote, tepezcuintle, zopilote rey, chachalaca, perico, garza, pelicano pardo, halcón cola roja, gavilán y varios reptiles, destacan de manera especial la iguana negra y la boa. El tipo de vegetación incluye un predominio de selvas con presencia menor de bosque, arbusivas, matorrales y vegetación hidrófila. RECORRIENDO EL CAÑON El Cañón del Sumidero es majestuoso en cualquier época del año. En la época de lluvias la vegetación torna a las paredes verdes y en secas predominan los colores tierra. LyS TOURS OPERADORA te lleva. Contacta al teléfono: 01(961) 611 2672 o al mail: lystours@prodigy.net.mx. Para visitar el Parque Ecoturístico Cañón del Sumidero, te recomendamos hacerlo a través de LyS TOURS quienes te pueden informar de todos los detalles. Este parque está diseñado y operado por Grupo Xcaret, y es una exuberante selva, con angostas veredas que descubren manantiales, arroyos y cascadas. En el parque puedes realizar actividades como la observación de flora y fauna, deportes de aventura (kayak, rappel, tirolesa, bici de montaña, senderismo), o si lo prefieres pasar un día tranquilo en compañía de tu familia en un escenario espectacular. El parque opera diariamente de 11 a 16 hrs y el acceso es únicamente por agua. Es posible acampar en el parque, pregunta a tu operador o directamente a las oficinas del parque al teléfono: 01(961) 602 8502 o en www.sumidero.com. |
|