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Número 12


  
          



GRAN PARED

Fue por los años de 1994 a 1997 cuando el Grupo de Espeleología y Exploración de Ciudad Cuauhtémoc (GEEC) y la Coordinación del Gobierno de Chihuahua, llevaron una serie de expediciones para explorar la Barranca de Candameña. El objetivo de esas exploraciones fue documentar los hallazgos ocurridos en ésta, además de promover los atractivos naturales encauzándolos al deporte de aventura y ecológico.
Varios atractivos encontraron, algunos apenas al comenzar el recorrido; el importante río Duraznos es uno de ellos. El torrente de agua se precipita por la famosa cascada de Basaseachi, punto donde prácticamente inicia la barranca. Tomándola como objetivo, el grupo descendió en rappel, verificando su caída vertical quedando registrada con 246 metros de altura. Continuaron las exploraciones, las cuales dirigía el extraordinario geólogo, explorador y espeleólogo mexicano Carlos Lazcano Sahagún, a quien estamos agradecidos de compartir sus hallazgos y su gentileza.
Otro hallazgo fue la cascada de “Piedra Volada”, misma que también descendieron en rappel registrando una caída libre de 453 metros, altura que la coloca en el número 11 a escala mundial.
Frente a Piedra Volada se encontraron con la impresionante Peña del “Gigante” y, para hacer más emocionante su exploración, decidieron bajar en rappel. Para lo cual utilizaron técnicas de espeleología, usando anclajes naturales como reuniones. En este caso utilizaron equipo de grieta, como son excéntricos y nueces. Realizándolo con estilo y ética, recuperaron sus cuerdas dejando limpia la pared de todo indicio. Midieron 885 metros de roca vertical, siendo por el momento la más alta en el país.
Los exploradores de GEEC continuaron y terminaron el recorrido de la Barranca de Candameña. Y fue así como quedó registrado su enorme potencial para realizar deportes de aventura y otros datos más. Para esto, Carlos Lazcano buscó y promovió que algún mexicano escalara la portentosa pared por primera vez.

El encuentro
Cecilia Buil (Huesca, España) y yo nos conocimos en la Ciudad de México, donde escalamos juntos en algunas zonas aledañas al D.F. Poco tiempo después surgió el proyecto de escalar el “Capitán” en Yosemite, California, y nos trasladamos al famoso parque. Ascendimos tres vías: Mezcalito, Zenyata Mondata y Lurking Fear en el transcurso de un mes de estadía. Lo cual nos integró como equipo y adquirimos la experiencia de un buen criterio de protección, estilo, logística, ética de la escalada artificial y libre en gran pared.
Al regresar a la Ciudad de México, nos enteramos —por algunos rumores de la pequeña comunidad escaladora— que existía una gran pared en Chihuahua, y nadie la había escalado hasta el momento, significando una preciada oportunidad. Higinio Pintado y Bonfilio Sarabia son unos amigos con quienes he tenido la oportunidad de formarme como escalador y que conozco desde hace varios años. Higinio ha escalado el “Capitán” y otras grandes paredes, mientras que Bonfilio, siendo el más joven, fue invitado a este proyecto en lo que sería su primera experiencia. Ellos formaron la segunda cordada1 para desafiar al “Gigante“.
Logramos contactarlos y formalizar el proyecto. A mediados de febrero de 1998 nos trasladamos a la ciudad de Chihuahua; conocimos a Carlos Lazcano, quien nos dio la bienvenida y puso al tanto de la logística para ingresar a la famosa Barranca de Candameña. Realizamos todos los preparativos.
Partimos de la ciudad de Chihuahua por la carretera núm. 16 rumbo a Hermosillo, Sonora; al llegar al kilómetro 272 encontramos el poblado de Basaseachi, que se ubica a 2,160 metros sobre el nivel del mar, en lo alto de la Sierra Madre Occidental. Lugar conocido por la famosa cascada que se precipita en donde comienza la barranca.



La aproximación
Seis kilómetros antes de llegar al poblado de Basaseachi hay un grupo de casas a las que le llaman las Estrellas; ahí existe un retén militar, cuya misión es preservar el orden y control de la zona. Decomisan armas o botellas con bebidas embriagantes. En este punto se desprende una carretera pavimentada que conduce al rancho San Lorenzo, lugar muy bello ubicado a 2,100 metros sobre el nivel del mar: sitio boscoso cuyo dueño y guarda es el señor Fernando Domínguez, quien viste como todo un ranchero de la alta serranía.
Don Fernando fue quien nos dio la bienvenida e instaló en dos de sus confortables cabañas. Él también estaba encargado de la logística de transporte, del hospedaje, porteadores (cargadores) y comunicaciones.
No pasaron más de dos días para cuando comenzamos a descender por una brecha que sale del poblado de Huajumar. La primera gran impresión fue visualizar desde ahí el enorme macizo de roca. Nos impactó a todos. La vista desde este punto de la ladera engaña con el efecto de la óptica; aun así se observa al enorme coloso de coloración marrón, naranja y amarillo, erguido de pies a cabeza.
Cerca de 15 porteadores encabezados por don Santiago Pérez y cuatro trepadores arribamos a los pies del Gigante. Montamos el campo base entre frondosos árboles, cerca de un manantial de agua. Ahí estábamos escaladores y toda la flota, alrededor de una enorme fogata, celebrando con nerviosismo el encuentro y la oportunidad de abrir la primera gran pared virgen.
Los porteadores no dejan de avivar la fogata, a su vez cuentan muchas leyendas del lugar. Una de ellas es la famosa “Sierpe”, que habita en lo profundo de las pozas del río. Dicen que cuando cruzas cerca de ahí, la Sierpe sale y se enrolla en la víctima, sumergiéndola hasta el fondo de la poza y la devora. Nosotros disfrutamos de esas historias, pues le daba más emoción a nuestra estadía.
Cecilia y yo decidimos, luego de estudiar la pared, escalar por su parte central. Mientras, Higinio y Bonfilio tomarían la parte izquierda del enorme macizo. Así, las dos cordadas nos pusimos en acción.
Pasaron cerca de 15 días de estadía y fijamos cinco largos difíciles. Lo cual nos dio la referencia de la calidad de roca y su dureza, la dificultad que íbamos a enfrentar y calcular el tiempo que llevaría el ascenso. Al terminarse los alimentos decidimos salir del cañón.
Al mismo tiempo, Higinio y Bonfilio desertaron de su objetivo, y no por incapacidad, la ruta que escogieron era de roca podrida en su mayoría y no contaban con algunas herramientas (de equipo de escalada) para continuar su ascenso.
Caminamos río arriba, con dirección a la cascada de Basaseachi. Conforme nos íbamos alejando, dejábamos atrás al enorme coloso. Sólo veíamos cómo se dibujaban las cuerdas; cinco largos2 que apenas y rasguñan los tobillos de ese Gigante. Durante el recorrido por el río Candameña cruzamos entre enormes paredes y bloques de roca naranja; paulatinamente, se podía percibir el cambio de vegetación, así hasta llegar a la base de la cascada. Nos tomó cerca de siete horas de caminata llegar al rancho San Lorenzo.
Tomamos un descanso de cinco días en las praderas del rancho; coordinamos con don Fernando que tendríamos contacto por radio cada tercer día. Partimos con un porteador y sus dos hijos al campo base.
Muy temprano comenzamos a subir por las cuerdas fijas dando continuidad a la aventura. Ese día dormimos en el largo 5 a resguardo de un extra-plomo.3 Por la madrugada, escuchamos un gran estruendo y no muy lejos de nosotros pasó un enorme bloque que acabó estrellándose en la base de la pared.
Decidimos adoptar el estilo cápsula4 y montar vivacs5 en extra-plomos. La ética que aplicamos es estilo “yosemitero”,6 respetando la roca y abriéndola de abajo hacia arriba.
La roca en el Gigante es dura, presenta pocos sistemas de fisuras y muchos ganchos naturales. Es un tipo de escalada diferente al granito, requiere de mayor atención en las piezas, generando un alto grado de dificultad.



Realizamos siete puntos de vivac con 15 días de estadía en pared cuando nos quedamos sin alimentos y agua. Notificamos a don Fernando de nuestra situación y, cuando menos lo imaginamos, ya estaban bajando en rappel para, según ellos, rescatarnos. No queríamos salir de ahí y les dijimos que sólo estuvieran al pendiente; nos comentaron que nos faltaban cerca de 300 m y eso nos convenció: tuvimos que salir de la pared con la tristeza de ver que no eran 300 sino tan sólo cerca de 150 m lo que nos faltaba, aproximadamente cuatro largos para salir. Esta situación causó un enorme escándalo y sirvió de noticia amarillista para los medios de comunicación, preocupando incluso a nuestras familias.
Los rescatistas dejaron la cuerda fija. Descendimos al día siguiente para terminar la ruta escalando y sacar todas las cosas; un tanto tristes por cómo terminamos el ascenso. Sin embargo, muy contentos de haber sentido la magia de la Barranca de Candameña.
Utilizamos como reuniones7 piezas naturales y colocamos 16 plaquetas,8 64 rivets9 en total. Esto para los pasos en artificial y las reuniones. La apertura tomó 1,025 metros de recorrido y bautizamos a la ruta como “Simuchi” (lugar de colibríes). El grado de escalada fue VI, 5.11b-A4 y pasamos 16 días de estadía en la pared.
Salimos de Chihuahua agradeciendo el apoyo de todas las personas que motivaron esta aventura, prometiendo volver para intentarlo en otro gran macizo.

El regreso a Candameña
Otra vez de visita en Chihuahua, con el fin de explorar el cañón de la Sinforosa en el municipio de Guachochi: buscando otro macizo de roca. Esta vez nos acompañaba Cecilia y un amigo de Estados Unidos, Chris Giles, fotógrafo profesional que quería realizar un reportaje del ascenso.
Una vez en Guachochi corroboramos los antecedentes de Carlos Lazcano y contactamos a las personas indicadas para que nos facilitaran el reconocimiento de la zona. La barranca de la Sinforosa tiene un desnivel de 1,800 m, su acceso toma varios días; era finales de abril y cada vez hacía más calor, por lo que decidimos alquilar una avioneta para comprobar la existencia de una gran pared, antes de bajar el equipo.
Abordamos el precario vehículo, tras un precipitado despegue y cortos minutos de vuelo nos encontramos por encima del cañón; intentamos localizar la pared prometida. Los repentinos giros del piloto parecían cortar las bolsas de aire y por momentos sentíamos que estábamos dentro de una lavadora.
Al fondo veíamos el río verde camuflado entre enormes árboles. El cañón parece escalonado y aunque las paredes son altas no tienen la altura y verticalidad que el Gigante. Bajamos de la avioneta mareados y no muy convencidos, por lo que decidimos trasladarnos a Candameña, con el objetivo de abrir una segunda ruta de gran pared en el Gigante.



Organizamos porteadores y demás gente para internarnos en el bello cañón. Esta vez establecimos el campo base en otro punto, junto a otro nacimiento de agua y frondosos árboles.
Estudiamos la ruta de ascenso junto a Chris: esta vez se trataba de un hermoso espolón color amarillo con un buen sistema de fisuras. A Chris le quedó claro por dónde íbamos a pasar. Fijamos un par de largos y preparamos los costales. Mientras Chris salió del cañón con dirección a la cumbre para montar una serie de rappels e interceptarnos durante nuestro ascenso.
La ruta comenzaba por el lado izquierdo del Gigante. El primer largo es una mezcla de grietas horizontales entre algunos bloques; el segundo era una hermosa travesía horizontal teniendo como vacío 250 metros: “El paso del águila”.
Escalamos el tercer y cuarto largos, y pasamos la noche en el vivac. Al día siguiente, Cecilia se encontraba perforando la reunión cuando el gatillo del taladro se fundió (utilizamos el taladro sólo para perforar las reuniones y colocar algun rivet). Intentamos repararlo sin resultado alguno. A 100 metros por encima de nosotros había un techo que no dejaba ver el resto de la pared.
Por la mañana decidimos con tristeza “rapelear” los cuatro largos. Al llegar al suelo observamos los petates suspendidos en un extra-plomo y me pregunté: ¿podemos continuar? ¿Encontraremos el sistema de fisuras hasta la
cumbre? Notificamos a Chris de lo acontecido. Salimos al día siguiente muy temprano, río arriba, rumbo al rancho San Lorenzo.
Después de subir y bajar laderas durante cinco horas encontramos una cueva donde escurría agua. Gota a gota completamos unos tragos; en la espera pasaba por mi cabeza todo el esfuerzo que habíamos invertido hasta ese momento, todo lo ocurrido hasta llegar ahí. Ocho horas nos tomó llegar con don Fernando.
Después de cinco días retornamos a la pared. Disfrutamos mucho los largos en esta ruta, eran continuos y bien definidos. Los vivacs eran muy aéreos, en particular el último. Tuvimos un par de sustos en el largo 13.
Dos tornillos de 1/4 de pulgada y un friend10 sostienen nuestro vivac. Esa tarde invitamos a Chris a comer una pasta ins-tantánea y a disfrutar del atardecer en la hamaca. Con cierta duda, nos preguntó la resistencia de los tornillos —seiscientos kilos como mínimo—, le respondimos confiados: —el rivet hanger11 se ve un poco fino pero parece que aguanta. Un grito interrumpe la conversación, es Kiko —guía de las Estrellas— que está encargado de ir a piedra volada para tener contacto con nosotros por medio de radios que desafortunadamente no funcionan. Le gritamos que estamos bien. A lo lejos una mancha diminuta se esconde tras la colina.
Chris también se despide y, cuando se dispone a yumarear,12 de repente se nos cae el suelo del vivac. Nos precipitamos cinco metros y quedamos suspendidos por debajo de la reunión. Chris quedó colgado de su línea y nosotros del resto de la cuerda unida a la estación; todo cuelga de la hamaca.13 Sólo perdimos el botiquín y las fotos. El rivet hanger se rompió y ahora teníamos que montar nuevamente el vivac. Afortunadamente no hubo percances que lamentar.
Al día siguiente, Cecilia colocó tres piezas y después decidió clavar trayéndose un bloque bastante grande.
Tras nueve días en pared nos encontramos a cincuenta metros de la salida donde instalamos el último vivac. Es el más espectacular de toda la vía. Se ve el cañón en toda su longitud y Piedra Bolada parece pequeña en comparación de todas las moles que le rodean. Vemos los pies del Gigante a casi un kilómetro de distancia. Estamos contentos pues sabemos que mañana termina nuestro viaje y disfrutaremos de nuevo del mundanal ruido.



El último largo parece sencillo. Lo empiezo tranquilo y dispuesto a terminar rápido; a mitad del largo me encuentro con una gran cueva. En el suelo descansan enormes bloques en equilibrio. Una chimenea14 asciende sobre la cueva. Sin pensarlo dejo el material y trepo en oposición. Cuando estoy a diez metros del suelo —y al mirar los bloques—, mi cuerpo se estremece de miedo. Sin posibilidades de volver atrás pongo un rivet hanger, mientras observaba con temor la larga distancia de mi último seguro. Tras unos gancheos15 y un pequeño off width16 alcancé la última reunión. Sólo nos queda un peligroso scrambling17 entre bloques y vegetación, que nos llevará hacia el corredor de salida.
Nadie nos esperaba en la cima. Era mediodía y necesitábamos un transporte para salir de la zona. Con la poca comida que tenía en su campamento, celebramos con Chris el ascenso. A falta de un mejor sitio para dormir, nos subimos a la cumbre para disfrutar de una hermosa noche y un próximo amanecer.
Kiko llegó pronto por la mañana acompañado de otro chico de la sierra. Él estuvo pendiente durante todo el ascenso, ayudó a Chris en la instalación de los rappels y en el transporte del equipo. Su entusiasmo por la escalada se notaba por la atención que ponía en nuestras anécdotas.
Descendimos por la vereda del Espinazo del Diablo. Conforme pierdo de vista la Barranca de Candameña pasa por mi mente todo el esfuerzo y entrega que hemos dedicado estos dos años. Una vez más la magia del cañón nos impregna de su vasta energía: dejándonos recorrer el enorme cuerpo del Gigante.
Dejamos cerca de 50 rivet’s y 10 plaquetas en toda la ruta; 750 m de recorrido, El grado de escalada fue VI, 5.10d-A4, con un total de diez días de estadía en pared. La ruta se llama “Yawira Batú” (maíz naciente en rarámuri). Salimos todos con bien y festejamos así la 2ª ruta en el macizo del Gigante.
¡Gracias Gigante!


QUIEN TE LLEVA?
Recorridos a la Barranca de Candameña
Aunque no escales, la visita al Cañón-Barranca de Candameña no te la debes perder. Esta barranca combina espectacularidad y belleza. Puedes visitar las dos cascadas más altas de México: Piedra Volada (453 metros) y Basaseachi (246 metros), por lo cual a Candameña se le conoce como “La Barranca de las Cascadas”. Además, enfrente a la cascada de Piedra Volada se encuentra la peña de El Gigante, monolito que cuenta con la pared de piedra totalmente vertical más alta de México: 885 metros. En el fondo de la Barranca corre el río Mayo. Esta Barranca forma parte del Parque Nacional “Cascada de Basaseachi”. Se puede llegar desde la comunidad de Basaseachi, por la carretera Chihuahua-Hermosillo. Es importante que si la visitas lo hagas acompañado de un guía. Se puede acampar en la zona, hay caminatas de dos a tres días, se puede “rappelear” desde 10 m hasta 453, existen paseos a caballos y hasta salto-base desde El Gigante. Para más informes, comunícate a CONEXIÓN A LA AVENTURA al tel. 01 (614) 413 7800 o en www.conexionalaaventura.galeon.com.
También puedes solicitar informes en Turismo del estado de Chihuahua al 01 (800) 903 9200.



Glosario de Escalada
1. Cordada. Grupo de escaladores, por lo general entre dos y tres, unidos mediante una cuerda para aumentar la seguridad al realizar un ascenso.
2. Largo. Distancia recorrida entre dos lugares de reunión. Normalmente son tramos de unos 40 metros cuando la vía lo permite.
3. Extra-plomo o Desplome. Pared que tiene más de 90 grados de inclinación.
4. Estilo cápsula. Consiste en ascender unos largos cada jornada, bajando a pernoctar al campo inferior (de hamacas o tiendas) por las cuerdas fijas.
5. Vivac. Pequeño campamento donde se pernocta, puede ser aéreo, en gran pared o en roca natural.
6. Yosemitero. Se refiere a la escalada en el parque nacional de Yosemite, Estados Unidos.
7. Reunión. Punto de encuentro de los componentes de una cordada entre dos largos.
8. Plaqueta o Bolt. Tornillo que se introduce en la roca taladrándola, para ofrecer seguridad al escalador. Por lo general se utiliza en paredes verticales o desplomadas que no poseen lugares dónde colocar protección natural.
9. Rivet. Anclaje fijo (como unas tachuelas) que funciona por expansión. Es usado para superar o asegurar secciones lisas de roca. Para su colocación hay que perforar la pared.
10. Friend. Protecciones usadas en escalada, son en forma de “T” y se empotran en las grietas.
11. Hanger. Chapa metálica que se introduce en el anclaje fijo, la cual tiene un agujero para poder mosquetonear.
12. Jumarear. Acción de utilizar el jumar, equipo que se utiliza como ascensor cuando la cuerda está fija.
13. Hamaca. Red o especie de cama de lona que se usa para los vivacs colgados en pared.
14. Chimenea. Grieta o fisura vertical en la roca o hielo suficientemente amplia para ascender por su interior y que generalmente se escala en oposición, es decir, apoyando los pies en una pared y la espalda en la otra.
15. Gancheo. Se refiere a los pasos dados en escalada artificial con el uso de ganchos. Los ganchos son pequeñas piezas de metal usadas en agujeros o repisas muy pequeñas para lograr avance en la roca.
16. Off width. Acción en la que alguna extremidad del cuerpo (brazo, palmas de las manos, pie, etc.) se empotra en una fisura para conseguir avance. Por lo general muy incómoda y evitada por muchos escaladores.
17. Scrambling. Movimiento sencillo de escalada, generalmente realizado sin estar asegurado.


Carlos Garcia Ayala

Carlos García es originario del Estado de México. Con 14 años de experiencia en escalada en roca ha sido nominado en dos ocasiones al Premio Nacional del Deporte, en 1997 y 1999.
Carlos es el primer mexicano en conquistar en dos ocasiones una pared virgen a nivel mundial, El Gigante (1998 y 1999). Ha equipado 50 rutas deportivas en Basaseachi. Otras paredes mexicanas conquistadas por Carlos son “El Trono Blanco”, en B.C. con 550 m, “El Toro” en Monterrey con 900 m y varias paredes en el Parque Nacional Cumbres de Monterrey. Sus grados máximos alcanzados son: en escalada deportiva 5.13d. y en artificial A4+
.
Escalando Gran Pared. La escalada en Gran Pared se realiza en paredes de gran tamaño, como El Gigante, donde se requiere de varios días para lograr su cumbre y se vale de todos los estilos de escalada. Carlos García Ayala y la española Cecilia Buil escalaron la pared con una combinación de estilo libre (utilizando sólo el cuerpo para subir y empleando anclajes fijos o removibles sólo para seguridad) y estilo artificial (empleando anclajes fijos o removibles para seguridad y como punto de progresión).
Entra a la página de Carlos en www.angelfire.com/sports/escalaenroca o contáctalo por e-mail en simuchi@yahoo.com.