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Número 5


  
          



ECOTURISMO Reserva de la Biosfera de Los Tuxtlas
La solución a la agresiva deforestación en México puede estar en el proyecto de una comunidad campesina

La Sierra de Los Tuxtlas, cuyo nombre proviene del vocablo náhuatl toxtli (conejo), es una sucesión de montañas con cerca de 300 conos volcánicos. Se localiza en el estado de Veracruz, en una planicie costera que toca de forma directa a la costa sur del Golfo de México, la cual, debido a su posición latitudinal y relieve, experimenta grandes precipitaciones, haciéndola una de las regiones más lluviosas del país. Constituye la extensión más oriental de la cadena montañosa que forma el Eje Volcánico Transversal. Es aquí donde encontramos una de las selvas más importantes de América, principalmente por su ubicación geográfica: es la primera selva que encuentras si bajas de la parte norte del continente y aún más, si damos la vuelta al mundo, a la misma latitud de Los Tuxtlas, lo que encontramos son ¡desiertos! La variación de ecosistema con relación al resto del mundo se debe a que ésta es una de las partes más estrechas de la masa continental de la República mexicana, donde el Océano Pacífico y el Golfo de México se encuentran más próximos uno del otro, lo que ocasiona mucha humedad. Si visitas otras áreas del planeta a esa misma latitud la temperatura es elevada, como en Los Tuxtlas, pero no existe este fenómeno de humedad que origina el tipo de vegetación tropical en la zona. La sierra de Los Tuxtlas se origina a partir de los 200 msnm y se eleva hasta poco más de 1,700 msnm, además, esta sucesión de montañas se encuentra enclavada en una planicie que se extiende hasta la costa. Así pues, tenemos una variedad de microclimas y ecosistemas muy diversos en un área relativamente pequeña (aproximadamente de 90 por 50 km): puedes encontrar ecosistemas de bosque de niebla (pino-encino), selva alta perenifolia, selva baja, praderas hasta manglares, además de una gran variedad de cuerpos de agua en todas sus formas (ríos, cascadas, lagos y lagunas) y una gran extensión de playa. Esto genera hábitats muy diversos que albergan gran variedad de especies. Sólo en aves cuenta con 561 especies, de las cuales 200 son migratorias, una de ellas y seis subespecies son endémicas, y contiene en total poco más de 40% de las reportadas nacionalmente; 30 están en peligro de extinción y 55 amenazadas. En cuanto a mamíferos, se han registrado 128 especies (cerca de 30% del país). 117 especies de reptiles y 45 de anfibios, de las cuales 11 reptiles y 4 anfibios son endémicos , constituyendo 16.5 y 14.8% del total nacional. Es entonces, dada su importancia de esta región, que se le declaró como la Reserva de la Biosfera de Los Tuxtlas el 23 de noviembre de 1998, comprendiendo 9 municipios: Ángel R. Cabada, Santiago Tuxtla, San Andrés Tuxtla, Catemaco, Soateapan, Mecayapan, Tatahuicapan de Juárez y Pajapan. Debemos recordar que antes de ser declarada Reserva de la Biosfera, la zona de Los Tuxtlas, como buena parte de México, ya había sufrido gran deforestación.
Pero uno de los mayores regalos de Los Tuxtlas, es la propia gente del lugar que se caracteriza por ser alegre, cordial y generosa. Y es aquí donde un grupo de sus pobladores, campesinos por cierto, quienes, tomando conciencia del lugar en el que les tocó vivir y el medio ambiente que heredarán a sus hijos, deciden implementar una nueva e interesante forma de vida: el Ecoturismo comunitario.
Para conocer más de este proyecto, aceptamos una invitación de la Red de Ecoturismo Comunitario de Los Tuxtlas (RECT) y nos pusimos en marcha hacia esta fascinante zona del país. Salimos de Puebla a las 4 de la mañana, tomamos la autopista hacia Veracruz y nos desviamos en Paso del Toro, carretera que lleva hacia Alvarado-Acayucan-Catemaco.
Después de 4 horas llegamos a Catemaco, lugar maravilloso repleto de misticismo, donde, según los pobladores, puedes poner fin a tus problemas con una buena limpia. Aquí nos encontramos con el que sería nuestro guía en todo el recorrido, el Sr. Valentín Azamar, quien además es de los fundadores del proyecto RECT. Después de las correspondientes presentaciones y de un ligero desayuno en el centro de Catemaco, salimos rumbo a la comunidad fundadora del proyecto de Ecoturismo comunitario, a unos 20 km al este de Catemaco. Después de abandonar el camino y tras unos 8 km de terracería con un calor sabroso, nos internamos a la Sierra de Santa Martha para llegar a la comunidad de Adolfo López Mateos. Esta comunidad de campesinos tiene unos 300 habitantes y desde 1997 han implementado recorridos ecoturísticos a la selva y bosque de niebla. Este es un tipo de turismo al que se deno-mina sustentable debido a que el habitante local aprovecha los recursos pero cuidando de no impactar negativamente al medio ambiente y, de esta forma, generar un ciclo productivo: no acabar con la zona sino conservarla. Nos explicaron que la Reseva de la Biosfera de Los Tuxtlas se divide en dos: la Zona de Amortiguamiento, que es donde se hacen actividades de siembra y labranza de las comunidades, pero también se hace labor de reforestación, y la zona núcleo dividida en tres: el volcán de San Martín (I) al noroeste de Catemaco, la sierra de Santa Martha (II) y el volcán San Martín Pajapan (III) al sureste; la zona núcleo es la parte virgen de la Reserva y no se permite ninguna otra actividad que no sea la observación y la investigación.



La comunidad de Adolfo López Mateos se encuentra en los límites de las zonas de Amortiguamiento y Núcleo II, por lo que la vegetación y las especies de fauna que se pueden apreciar son diversas.
Valentín nos presentó con nuestros guías en López Mateos: José Luis, Adrián de 9 años, hijo del primero, y Toño. Iniciamos la aventura en López Mateos a través de los senderos interpretativos, los cuales son senderos que la comunidad ha creado para introducir a los visitantes a las actividades, flora y fauna, en la selva. En estos recorridos se dan indicaciones de qué hacer o no en la selva, qué se puede tocar o no, dónde pisar con cuidado y dónde es mejor no aventurarse… en fin, las recomendaciones básicas para este tipo de terreno y, la más importante, atender siempre a las indicaciones del guía para evitar cualquier contratiempo. En un sendero interpretativo, comenta José Luis, se hace educación ambiental mediante la interpretación del compor-tamiento de flora y fauna y su importancia en este tipo de ecosistema. El primer sendero que recorrimos es el que lleva a la cueva de los murciélagos. El recorrido está plagado por el sonido de las cigarras, localmente conocidas como chicharras. Puedes ver enormes árboles, como el llamado ceibillo de unos 40 m de altura, varias especies de aves y escarabajos. Llegamos a una cueva que tiene como piso un arroyo y en la cual habita gran número de murciélagos. José Luis nos explicó el comportamiento de estos quirópteros y comentó que en la zona habitan 38 especies de murciélagos, entre ellos el blanco, conocido como el murciélago fantasma por su coloración y porque en la noche, mientras vuelan, parecen palomas; el conocido como falso vampiro que puede alcanzar la impre-sionante envergadura de 60 cm, entre muchos otros. Continuamos el recorrido hacia unas pozas de agua donde tuvimos la oportunidad de refrescarnos, darnos un buen chapuzón y, algunos, de probar sus habilidades como clavadistas.
El agua fresca y la corriente del río te reaniman de una manera muy especial. En estas pozas se pueden encontrar diversas variedades de peces así como langostinos. De regreso a la comunidad de López Mateos pudimos ver una enorme torre de observación de aves, parte de los recorridos ecoturísticos, donde con ayuda de unos binoculares puedes pasarte horas y horas descubriendo la gran diversidad de aves en la región, que va desde pequeñas especies como trogloditas y tordos, pasando por loros, cotorras hasta tucanes y chachalacas: colección de colores, formas, cantos y trinos poco común.
Con bastante hambre, por fin llegó la hora de la comida. Una de las ca-racterísticas principales del Ecoturismo comu-nitario es la convivencia con los habitantes del lugar, y qué mejor que la hora de la comida donde una familia te invita a comer, te sienta a su mesa y te agasaja con las delicias gastronómicas de la zona. En esta ocasión nos tocó visitar la casa de la Sra. María Mena quien preparó un delicioso caldo de pescado, huevina en chilpachole, capturado por la mañana en los ríos de la comunidad; una salsa de serrano que acompaña unas tortillas calientitas hechas a mano con unos frijoles negros refritos y, para rematar, una fresca y sabrosa agua de chagalapoli, especie de fruta agridulce muy parecida al capulín y originaria de la zona, con la cual se elaboran dulces y mermeladas. Dependiendo de la época, también puedes disfrutar de un delicioso caldo de langostinos. Créanme que pocas veces se conjunta el ambiente y la comida para formar uno de esos momentos especiales, y este fue uno de ellos. Después de recu-perar energías, nos despedimos de doña María quien, previsoramente, nos preparó un itacate para la merienda. Era momento de iniciar la parte más intensa del recorrido, el ascenso al cerro del Marinero
Nos alistamos llevando lo indispen-sable en nuestras mochilas, además de agua y una bolsa de dormir ya que pasarí-amos la noche en la selva. Alrededor de las 4 de la tarde empezamos el ascenso al cerro del Marinero, a través de un sendero interpretativo de árboles y plantas de la región, aquí tuvimos la oportunidad de ver cómo es que se desarrollan las famosas lianas y de conocer al chocho, palma bellísima pero con la peculiaridad de que todo su tronco está cubierto por poderosas espinas y que abunda en el trayecto que estábamos por iniciar, así que —primera recomendación—, cuando el guía grite ¡chocho!, hay que estar muy pendientes para no tocarlo y mucho menos sujetarse de él, a fin de evitar una espinada bárbara.
La comunidad quedó atrás y la selva se hacía cada vez más espesa, el terreno más vertical y el calor era sofocante. José Luis nos platicó durante el trayecto acerca de la fauna de esta región, espe-cialmente felinos y monos; comentó que no hace mucho todavía se podían ver a los monos araña muy cerca de la comu-nidad y que por la deforestación de que fue víctima la región, antes de declararse Reserva de la Biosfera, les han obligado a migrar a la Zona Núcleo de la Reserva. De vez en cuando, por el trayecto que estábamos recorriendo, se aparecen algunos araña. Nos habló acerca de los monos aulladores que son más abun-dantes que los araña y que emiten unos aullidos espectaculares; también hizo referencia del rey de las selvas americanas: el jaguar. A este felino —en peligro de extinción— todavía se le puede encontrar en lo más profundo de la Zona Núcleo y, en ocasiones, su poderoso rugido se ha hecho presente por las noches muy cerca de la comunidad de Adolfo López Mateos, incluso han aparecido rastros de rasguños en algunos árboles. Tuvimos la oportunidad de ver unas diminutas ranas, casi del tamaño de una uña, así como cangrejos de la montaña. Después de 4.5 km de intensa subida y espesa selva, llegamos, hacia el atardecer, a la cima del cerro del Marinero donde, al darnos la vuelta, allá a lo lejos se veía la costa bañada por las aguas del Golfo de México. Nuestros guías instalaron las casas de campaña.



Nos refrescamos, se encendió la fogata y con el hambre de la intensa caminata le “entramos” al itacate que nos habían preparado: nada menos que unas quesa-dillas que, recalentadas en la fogata, estaban deliciosas. Una vez descansados y comidos tuvimos la oportunidad de llegar hasta una saliente en el cerro, una especie de mirador donde a lo lejos observamos la sierra de Santa Martha, parte de la Zona Núcleo de la Reserva, donde fuimos testigos de un atardecer increíble y, para rematar, una bruma cerró el telón como si acabásemos de ver un espectáculo. En el mirador nos dio la noche y ahí platicamos un buen rato acerca de cómo surgió la idea de este tipo de recorridos. José Luis y Valentín pla-ticaron que ellos, como otros integrantes de la comunidad de López Mateos, antes se dedicaban a la tala de árboles, eran motosierristas, pero al ver que poco a poco su hábitat desaparecía y se modi-ficaba drásticamente, e incluso en oca-siones al sentir la resistencia de los árboles a ser derribados, como si no quisieran caer, les hacía reflexionar si esta era la única alternativa de obtener algo de dinero. Hay que recordar que en estos lugares hay pocas alternativas económicas: o es el campo, que no deja mucho, o es la ganadería y la tala, que van de la mano porque para tener ganado hay que hacer espacio y ese espacio lo están ocupando los árboles y la selva.
Un buen día tuvieron la oportunidad de conocer a la Dra. Luisa Paré y al biólogo Rubén Cruz —investigadores de la UNAM y el Politécnico—, quienes les platicaron de la posibilidad de realizar recorridos ecoturísticos y tratar de modificar de esta forma su estilo de vida económico y, por tanto, preservar la zona. La idea les pareció sensacional, lo platicaron y… “nos arries-gamos y aquí estamos”, cuenta Valentín, valorando, mostrando y conservando esta maravilla de México.
Lo que les relato es un resumen, pero, créanme, estas pláticas en la selva, con la gente del lugar, rodeados de sonidos nuevos y vegetación diferente son algo único, son parte de una verdadera EXPEDICIÓN. Regresamos al campa-mento no sin antes voltear la vista al cielo y disfrutar del techo luminoso, que, acostumbrados a la Ciudad donde dis-tingues la constelación de Orión fácil-mente, pues aquí, con tantas estrellas, es difícil localizarla.
Tomamos un café de olla bien calientito y entre luciérnagas, cocuyos y el cobijo del bosque de niebla, entramos a las tiendas y dispuestos a descansar. Al día siguiente, temprano y rodeados por la niebla, se levantó el campamento y ba-jamos hacia la comunidad. Ya en López Mateos nos percatamos que las condi-ciones del clima eran diferentes a las del día anterior, un norte comenzaba a entrar a la zona. Desayunamos fruta, leche fresca y unos deliciosos antojitos, ahora en casa de la Sra. Minerva Baxin.
Llegó la hora de seguir el recorrido, subimos todo a la camioneta, nos despe-dimos de la Comunidad de Adolfo López Mateos y partimos a la siguiente comu-nidad que forma parte de la RECT: Miguel Hidalgo. El trayecto hasta ahí, saliendo de López Mateos, es de una hora y media pero el tiempo se va muy rápido ya que los paisajes hacia donde voltees son increíbles: arboledas, veredas, arroyos… es como estar en un cuento. En el camino nos esperaban Guadalupe, Eulogio y Luis, quienes serían nuestros guías en esta zona. Cruzamos algunos arroyos en la camioneta y llegamos hasta una vereda donde seguimos a pie. Este es el inicio de un sendero interpretativo, aquí tuvimos la oportunidad de ver algunos tucanes y de llegar hasta una imponente cascada que es el inicio de una serie de pozas de agua, cada una con características únicas. La primera (portada de este artículo) es la que recibe a la cascada “Cola de Caballo” y se le conoce como poza del arco iris porque la brisa del agua genera un arco iris en medio de la poza. Esta alimenta de agua a otra que se le conoce como la poza del Remanso por ser muy tranquila y cristalina, ideal para un buen descanso en agua fresca. El río sigue y la vista de la cascada “Cola de Caballo”, a lo lejos, se torna majestuosa. La siguiente poza es la del Encanto, la cual inicia con un pequeña cascada, que incluso puedes atravesarla nadando y quedar detrás de ella. Final-mente, llegamos a la poza del Bañadero donde termina el circuito de pozas. ¡Ima-gínate cuatro pozas de agua, una tras otra dentro de la selva tropical! No tenemos que recordarte que el traje de baño es pieza indispensable para este recorrido. Regre-samos por el sendero interpretativo, subimos a la camioneta y llegamos a la comunidad de Miguel Hidalgo donde nos esperaba una sabrosa comida en la casa de la Sra. Rufina Atanasio y, como se iba haciendo costumbre, acompañada de una buena plática.



La comunidad de Miguel Hidalgo, al igual que López Mateos, cuenta con una torre de observación de aves y si pasas la noche ahí, puedes hacerlo en cabañas o casas de campaña que la misma comunidad te proporciona. Una pequeña llovizna no nos impidió visitar un cráter volcánico y tomar algunas fotos. Nuestro guía, Guada-lupe, improvisó unos “paraguas” con unas hojas inmensas que se dan en esta zona. Algo mojados pero muy contentos, nos despedimos de nuestros amigos en Miguel Hidalgo para dirigirnos a la comunidad Las Margaritas, tercer destino de nuestro viaje a Los Tuxtlas. Llegamos como a las 8:30 de la noche y la amable gente del lugar nos instaló en un campamento a orillas del Lago de Catemaco, donde caímos ren-didos para descansar y esperar las sorpresas del día siguiente, entre ellas, un recorrido en kayak. Junto al lago existen algunos canales de riego, los cuales últimamente se les ha utilizado como embarcaderos para realizar recorridos en kayaks inflables que te permiten de-sembocar al lago. Es un recorrido muy divertido y te abre el apetito para un buen desayuno.
Cerca de Las Margaritas, a 1 km de caminata, existen vestigios arqueológicos que puedes visitar; según los pobladores, son de influencia olmeca. Osvaldo Quirino, nuestro guía al sitio arqueológico, comentó que ahí se encontró un cráneo de mono araña tallado en piedra, y que es de las únicas piezas encontradas hasta ahora en la zona.
Nos despedimos de Las Margaritas con una buena comida en casa del Sr. Hilario Cinta, donde tuvimos la oportunidad de probar la malanga, que es una especie de tubérculo, parecido a la papa pero más grande, muy conocida en la región y con la cual se prepara gran variedad de platillos, desde frituras (como papas fritas o la francesa), en dulce, en tortitas de carne, como atole y mucho más. No dejes de probarla.
Nos dirigimos, rodeando gran parte del lago de Catemaco, hacia la cuarta comunidad integrante del RECT. Sonte-comapan significa “cabeza de muchos ríos”, se encuentra a 20 km al norte de Catemaco, y es la unión de las aguas saladas del Golfo de México y las dulces de 12 ríos como el Coxcoapan, Sábalo, Chuniapan, Yahualtajapan y el mismo Sontecomapan; juntos desembocan formando una laguna de 12 km de norte a sur. La unión de agua salada y dulce hace posible que la laguna tenga gran biodiversidad en especies marinas, ¡imagínate nada más cómo se come en este lugar! Pero además de la biodiversidad acuática, Sontecomapan es famoso por sus manglares, ecosistema que se origina en lagunas costeras donde existe la combinación de agua dulce y salada, el cual se caracteriza por el predominio del árbol de mangle cuyas enormes raíces salen fuera del agua para buscar oxígeno, ya que el fango de la orilla de la laguna carece de él. El mangle crea una intrincada red de raíces que a su vez es refugio y zona de reproducción tanto de especies marinas como terrestres. Las comunidades han aprovechado los ecosis-temas de manglar para realizar recorridos ecoturísticos en lancha a través de ellos. Nos comentan que la laguna de Sontecomapan cuenta con unas 300 hectáreas de manglares y actualmente existen unos 6 canales con posibilidad de recorrerlos.



Aquí puedes ver cotorras, iguanas, cangrejos, mapaches, nutrias y cocodrilos, entre muchas otras especies. Y en cuestión de vegetación, el manglar es un jardín acuático con lirios y orquídeas por doquier. De verdad las formas de las raíces del mangle son increíbles y en algunos casos gigantescas. Recorrimos el canal conocido como “Paraíso Escondido” que tiene la peculiaridad de estar alimentado por un manantial de agua mineral. Si recorres los manglares muy temprano o por la tarde tendrás la oportunidad de ver partir o llegar a todas las aves que viven en los manglares. La travesía que haces con las comunidades recorre los manglares hasta desembocar al Golfo, en un lugar conocido como barra de Sontecomapan. Hicimos el recorrido hasta la barra en camioneta, unos 40 minutos de terracería. Y finalmente, nuestra última parada en Los Tuxtlas: la playa. Apenas llegamos y el norte entraba con fuerza, casi no podíamos mantenernos en pie por la fuerza del viento. Ninguno de los que veníamos en el equipo había experimentado un norte directamente frente a la playa, pero valió la pena sentir la fuerza del mar. Terminamos la visita a Los Tuxtlas, llenos de arena pero con gran gusto y emoción de haber experimentado una forma totalmente diferente de hacer turismo.

¿Quién te lleva?
Si quieres realizar este recorrido, para toda la familia, puedes llamar a los guías de la RECT (Red de Ecoturismo Comunitario de Los Tuxtlas), al teléfono: 01(55) 5744 0880 o 5744 7106. La RECT ofrece también viajes mas especializados, como la observación de aves y búsqueda de monos aullador y araña. La cantidad de comunidades a visitar en Los Tuxtlas depende del número de días que tú tengas disponibles, desde un fin de semana hasta una semana.
Mándales un mail: ecotuxtlasver@hotmail.com
Visítalos en la página: www.pormex.com