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Número 9


  
          



Tras la Ruta de los Piratas

Arrojaré esta botella al mar para que algún día se sepa esta triste historia…”

Así terminaba el relato de un testigo que fue prisionero del famoso pirata Lorencillo y que presenció su exitoso ataque al puerto de Veracruz en 1683.

5 de abril

Después de estar varios días encerrado con otros rehenes por fin he recibido algo de comida y un poco de vino. Aprovechando el espíritu festivo que se despertó después de haber logrado un generoso botín en el galeón en el que yo viajaba, he solicitado al jefe de estos bandidos la gracia de entretenerme un poco escribiendo en mi cuadernillo. Creo que en algunos despertó cierta sospecha el que mis papeles pudieran servir a la justicia de la Corona española, pero la vanidad e insolencia de este perro de mar francés ha dejado que su historia quede guardada en tinta y papel. ¿Qué más puedo hacer para que no me invada la desesperación? Mientras el aguardiente circula entre carcajadas y recuerdos de la reciente batalla, mis compañeros de desgracia y yo suspiramos por nuestro oscuro destino. Mercaderes como yo, también se preguntan por nuestro futuro incierto, frágil suerte la del que se embarca en busca de mayor fortuna.
La batalla fue terrible no sólo por las bajas sufridas en nuestro cargamento destinadas al comercio en las Indias, sino porque con tristeza admito que no pudimos defendernos con igual fortaleza que nuestros enemigos. Nos habíamos rezagado del resto del convoy por ser nuestro navío más pesado; cuando el marinero de la gavia avisó que unas velas aparecían a babor hubo señales de alegría. Creyendo que nos emparejábamos con los demás compañeros de viaje, casi nadie dio muestras de recelo, a excepción del piloto, viejo marinero al que sus cicatrices, resultado de varias batallas, le habían dado poderosos motivos para desconfiar.
Ese día no hubo mucho viento, por lo que cuando el sol comenzó a desaparecer, el marinero en turno volvió a comunicar al piloto y contramaestre que los navíos todavía se encontraban a mucha distancia para identificarlos. Por la noche se reforzó la guardia siguiendo órdenes del contramaestre, sin embargo el amanecer nos sorprendió con gran movimiento de tripulación. “¡Coloquen tinas con agua en la cubierta!, ¡retiren los pañoles de la proa!,1 ¡granadas y piedras en las gavias!,2 ¡a por pólvora al Santa Bárbara!,3 ¡a los cañones!“ El barco lentamente cambiaba de dirección para que los cañones pudieran apuntar hacia el enemigo. “¡Tantos grados a babor!,4 ¡tiren de la mesana!,5 ¡suban velas!, ¡abran las portañolas!6“ Con terror comprendí que nos preparábamos para un combate.
Ante la angustia del próximo ataque, el día se diluyó rápidamente entre los preparativos a bordo. Casi a punto de entrar el atardecer, nuestro pequeño galeón se vio cercado por las siluetas de los barcos enemigos. Todo fue gritos y humo cuando iniciaron los cañonazos, los pasajeros asustados corrían buscando un escondite para sus pertenencias y entre tanta corredera y lamentos de terror se confundían las órdenes que gritaba el contramaestre. Recuerdo cómo al final del día, con las velas y el mástil roto por las temibles balas con cadenas, nuestro navío había sido sometido a los designios de una pesadilla.



15 de abril

Al principio no estaba seguro, pero cuando se reunieron todos en cubierta para discutir a qué sitio convenía enfilar la proa en busca de nueva fortuna, temí por un segundo interrogatorio. Repetí lo que ya había dicho en ocasiones anteriores. En la flota del navío en el que yo viajaba iban también otros galeones destinados al puerto de Campeche, por lo que seguramente, al ver que nuestro barco no llegaba y, si habían sobrevivido algunos tripulantes o pasajeros al incendio de nuestra embarcación, estarían a la expectativa de un próximo ataque al puerto. Estos ladrones de mar son insaciables. Campeche, a pesar de ser el puerto mejor defendido, ha sido asaltado en muchas ocasiones, no en vano se ha invertido mucho en la construcción de baluartes y murallas pero, tristemente, veo que nuestros enemigos no se intimidan ante ninguna fortificación.
Por primera vez fui testigo de algo que sólo había escuchado en rumores. A diferencia de nosotros, estos discuten entre sí todos los detalles sobre la próxima batalla, escogen deberes y obligaciones y además lo ponen por escrito y firman para garantizar que se adhieren a lo asentado en el documento. Me llamó la atención que también fijan de antemano las ganancias y utilidades del botín que obtendrán, por ejemplo, los mejor remunerados son el capitán, el contramaestre, los oficiales y el cirujano; el resto de la tripulación recibe la misma proporción, mientras que otra parte del botín es para la adquisición de los bastimentos y todo lo necesario para la guerra.
Los días bochornosos por el excesivo calor me parecían aún más amargos viendo cómo se divertían blasfemando y jugando a las cartas mientras navegábamos hacia Campeche. ¿Estarían alerta en el puerto?, ¿sospecharían algo por nuestra ausencia? Me enteré que nos acercábamos a la isla La Española, broma del destino el nombre de esta isla, cuando en realidad debería llamarse “La isla de los perros”, siendo que una parte es habitada por bucaneros que se burlan de nuestro rey y su imperio, viviendo del comercio ilícito. La Española7... podría escapar, ¿intentaré la fuga?
Escuché que usaríamos la ruta que nosotros llamamos “interior” para pasar por Jamaica y ver si con suerte encuentran algún barco en el trayecto hacia la península de Yucatán. Si mis compañeros de infortunio y yo tenemos buena ventura, algún navío que patrulle por los cabos San Antón y Catoche —entre las costas de Cuba y Yucatán— podría avisar a Campeche que nos acercamos.

25 de abril

Estábamos cercanos al puerto de Campeche, puedo adivinar a lo lejos sus murallas y alguno de sus baluartes. La codicia por las riquezas que produce este puerto, como el palo de tinte, ha fomentado la tentación de atacarlo, y como todavía no se termina de cerrar la muralla que deberá proteger la ciudad, la invitación sigue flotando en las mentes perversas de estos terribles ladrones. Ahora puedo comprobar lo que se dice sobre Lorencillo y su talento para planear y dirigir. Todavía recuerdo las noticias del ataque frustrado que lanzó contra la villa de Campeche en 1672 y seguramente quiere intentarlo de nueva cuenta. Estos pillos revisan hasta el último detalle del plan, esto les da una seguridad para su próximo ataque que seguro envidiaría nuestro rey en sus tropas. No sé con certeza cuál sea el objetivo pero seguramente no será nada bueno para Nueva España.
La mañana siguiente trajo la victoria que ansiaban. Un buque que venía de Veracruz con valioso cargamento de mercancías y barras de plata, tuvo la desgracia de caer en su poder. Ante la alegría de la victoria pero sobre todo del botín obtenido, Lorencillo hizo sonar los violines y trompetas para amenizar la navegación.

12 de mayo

Uno de los botines más apreciados son los rehenes que toman de sus trifulcas. No sólo por el valor que representamos al pedir dinero a nuestra familia por nuestro rescate, sino por la información que de los puertos y navegaciones podemos dar. Los planes, según escuché, han cambiado, el ataque a Campeche tendría que esperar, ahora nos dirigimos a Veracruz con una gran ventaja, otro prisionero español que cayó en sus manos después del ataque al navío cerca de Campeche, les ha ofrecido, a cambio de su vida, datos muy valiosos sobre la mala situación defensiva del puerto y, además, noticias sobre la flota y los dos navíos de Caracas con cargamento de cacao que estarán prontos a arribar también al puerto de Veracruz. Lorencillo sonríe mientras planea el próximo ataque. Se le ha ocurrido aprovechar la próxima llegada de esos dos barcos para tomar por sorpresa al castellano del fuerte de San Juan de Ulúa. Como las autoridades del puerto y la misma población estarán atentos para descubrir cualquier vela que se aproxime para ser los primeros en dar aviso, ha optado por “disfrazar” dos de sus navíos con bandera española y bajo este engaño poder acercarse lo suficiente, sin que se sospeche nada, para tomar nota de las condiciones del puerto y el mejor lugar para desembarcar con sus hombres y tomar la ciudad. Hay mucha ansiedad a bordo.

21 de mayo

Cinco días duró el terror en la ciudad. Aunque vi el cuidado con que se diseñó la estrategia, no puedo creer que hayan tenido tanta suerte y tan rico botín. El 17 de mayo amaneció esplendoroso, el día estaba despejado y sereno, y los dos barcos pudieron acercarse tranquilamente por el puerto, mientras el resto de las 11 embarcaciones y los 1,500 hombres esperaban en alta mar, frente a la sierra de San Miguel, ansiosos por las noticias que traería su capitán. Las dos naves exploradoras —cada una con 400 hombres— regresaron para informar que el desembarco se efectuaría por la noche. Como si alguna potencia hubiera preparado el escenario para tan hostiles intensiones, cuando comenzó a caer la tarde, el cielo se cerró y por la noche la luna cómplice se ocultó tras las nubes. Lorencillo, con 180 hombres a su cargo llegó en dos piraguas hasta la costa y silenciosamente, guiados por un mulato que había sido esclavo en Veracruz, lograron hacer una avanzada hasta la plaza sin ser vistos. Una vez verificadas las condiciones de la ciudad, retornaron para poner en práctica la siguiente fase del plan. Mientras tanto, la ciudad dormía plácidamente.
El grupo logró regresar a la playa sin ser visto, a excepción, como lo contó con grandes carcajadas Van Horne —uno de los compinches de Lorencillo—, de uno de los centinelas que cuando se despertó y somnoliento vio las siluetas que sigilosas se deslizaban, no se preocupó pensando que eran las sombras de ganado lo que se movía por allí.
Esta era la primera señal de buenaventura de lo que resultaría de esta arriesgada empresa. Como prácticamente la ciudad estaba dormida en sus laureles, fue fácil que los 1,500 hombres que formaban el clan de piratas se distribuyeran en bandos por toda la ciudad, cerrando salidas y tomando por sorpresa todos los baluartes. Los soldados de la ciudad no tenían pólvora y eran escasos sus mosquetes, así que fue fácil someterlos, apenas los presionaban por la rendición y ellos temerosos de sus vidas inmediatamente pedían cuartel, que en términos militares significa que se rendían sin ofrecer más batalla.
Los zumbidos de las balas llenaban el aire, la gritería de los piratas diciendo “¡viva el rey de Francia!”, mientras ondeaban banderas blancas con la flor de lis, y los gritos de los soldados junto a los retoques de las cajas de guerra, acometieron tan de repente a la mayoría de los vecinos que apenas pudieron vestirse; turbados por los gritos y confusión salían por todas las calles y los baluartes. El ataque y dominación de toda la ciudad no duró más tiempo del que se tarda uno en rezar tres credos.
Al amanecer toda la ciudad era del enemigo y con una fila interminable de prisioneros a medio vestir y asustados, comenzaron a llenar la iglesia de la ciudad con cerca de seis mil almas. Y era tan chico el lugar y tantas las gentes que nadie podía sentarse ni moverse, por lo que murieron ahogados muchos niños y mujeres. La ciudad se veía devastada y en ruinas, porque estos perros de mar destruyeron hasta el último rincón en busca de dinero o joyas escondidas; su sed de riquezas era insaciable, habían obtenido todo lo que pudieron exprimir a los aterrorizados habitantes y aún así, el último día, tomaron cerca de cuatro mil rehenes, para que les ayudaran a embarcar todo lo que habían obtenido de su pillaje y además poder negociar con las autoridades el rescate de la ciudad que fue fijado en 200 mil pesos. Con prisioneros —entre ellos el gobernador de la ciudad— y botín enfila- mos la proa rumbo a la isla de Sacrificios para esperar la última remesa de dinero.

31 mayo

Ayer llegó el pago de 150 mil pesos, lo único que se esperaba para partir. Temerosos porque ha llegado una flota española al puerto, apuran todo para volver a navegar. Además, la pelea que hubo entre Lorencillo y Van Horn, porque a Lorencillo no le gustaba el trato cruel que le daba a los prisioneros, dividió al grupo. Van Horn quedó malherido y fue hecho prisionero por Lorencillo en la nave almiranta.
Nuestras almas estaban en vilo al ver que la flota española que había llegado al puerto se preparaba para perseguirnos. Los prisioneros rezábamos por nuestra liberación y la gente de Lorencillo, nerviosa, se preguntaba si su victoria sería hasta el final.
Pero de nuevo el cielo se puso a favor del enemigo. El viento cambió y la flota se vio frenada en su intención. Lorencillo y su chusma, triunfantes y poderosos, daban gritos haciendo burla de las armas españolas.
¿Habrá justicia en este mundo que les haga pagar sus crímenes?
Arrojaré esta botella al mar para que algún día se sepa esta triste historia...
Hasta aquí termina el relato de nuestro personaje, no sabemos si logró escapar y recuperar sus negocios en España o si fue seducido por la tentación de convertirse también en pirata, como les sucedió a algunos prisioneros que veían en la vida de corsarios y filibusteros mayores oportunidades de riqueza y diversión. Se dice incluso que el mismo Lorencillo corrió esta suerte.



1685, el que persevera alcanza

Campeche fue un puerto muy codiciado por los ladrones de mar y Lorencillo, que se había quedado con la espina de un ataque frustrado aunque victorioso en su asalto al puerto en 1672 (logra saquear el Barrio de San Román), regresó junto con su socio holandés Grammont para terminar lo que 13 años atrás había empezado. El viernes 6 de julio de 1685 apareció a la vista de los vigías del puerto de San Francisco de Campeche una armada compuesta por 6 barcos grandes, 4 pequeños, 6 balandras y 17 piraguas. Esta vez la población de Campeche no tuvo tan buena suerte y fue presa del asalto de piratas más violento que habría de sufrir en su historia. Aunque el puerto ofreció resistencia, una eficaz estrategia llevó a Lorencillo y a Grammont a la victoria. Los dos piratas, al mando de 700 hombres (algunos dicen que pudieron ser hasta 1,500), permanecieron cerca de dos meses saqueando la ciudad.
Los piratas intentaron cobrar fuerte rescate por los prisioneros, pero el gobernador de Yucatán prohibió estrictamente dichos pagos. Hartos de esperar el canje y ante los preparativos de un asalto español para recuperar la ciudad, Grammont organizó una ejecución masiva en la plaza. Los dos primeros prisioneros ya habían sido colgados, cuando el gobernador de Campeche, Felipe de la Barrera y Villegas, y otros ciudadanos se aproximaron a Lorencillo para hacerle saber que consideraban a los franceses más humanitarios. El holandés se opuso a que continuaran las ejecuciones y para ello tuvo que interponerse entre los prisioneros y Grammont, con quien mantuvo fuerte enfrentamiento. La inminencia del ataque español doblegó la voluntad del francés y las fuerzas filibusteras reembarcaron. Como resultado obtuvieron un voluminoso botín y fueron responsables de la muerte de varios centenares de vecinos y, desafortunadamente, del incendio del archivo del puerto. Este ataque a Campeche ocasionó que muchos de los sobrevivientes prefirieran emigrar y el número de habitantes quedó reducido a un tercio. Un año más tarde, en 1686, llegó la aprobación por parte de la Corona española para la construcción de la tan anunciada muralla que finalmente resguardaría la ciudad. Ese mismo año el destino cobró cuentas a Grammont, quien pereció en una tormenta junto con 180 de sus hombres. De Lorencillo se cuentan muchas historias, algunas dicen que murió y fue sepultado cerca de Roca Partida, Veracruz, junto con su tesoro, pero la más aceptada es que murió en el actual estado norteamericano de Louisiana.

CAMPECHE

La ciudad amurallada de Campeche es un destino que debes marcar en tu agenda como próxima visita. Esta ciudad colonial no por nada fue declarada por la UNESCO como Patrimonio Cultural de la Humanidad. Una forma diferente de visitarla es seguir lo que llamamos “La ruta de los piratas”: recorrer las callejuelas de la ciudad, caminar junto y sobre lo que queda de la inmensa muralla, visitar sus reductos y baluartes y contemplar los atardeceres en la costera, te transportará a aquellas épocas donde en cualquier momento se podía divisar un barco y llegar un ataque.
Recuerda que la antigua muralla rodeaba la villa para protección contra ataques piratas, así que sólo hay que conocer la forma de la muralla para ir visitando los baluartes y museos. Puedes comenzar visitando el Baluarte de la Soledad (1), que se encuentra cerca del parque principal de la ciudad. Éste fue el de mayor tamaño y en su techo se levantaba la torre del vigía que servía para observar el arribo de los barcos a la bahía y avisar con tiempo, mediante un toque de campana, a los habitantes de un ataque.
El toque de campana se extendía a los campanarios de los demás baluartes de la villa. Este Baluarte protegía a la Puerta de Mar (2), paso obligado para todos los viajeros y mercaderías que llegaban o partían del puerto; cerca de ésta, a un par de cuadras, se localiza el primer baluarte en ser edificado, en 1676, el de San Carlos (3). Se encuentra frente al mar y en su explanada puedes ver piezas de artillería de diverso calibre y en su sótano se localizan dos crujías que probablemente funcionaron como prisión. Puedes visitarlas y ahí te darás una idea de lo que sentiría un prisionero, con la intensa humedad y calor que abruma el lugar. En temporada de calor, marzo-junio, la temperatura llega a subir a más de 45°C.
El Baluarte de San Carlos exhibe una colección de armas de la época así como instrumentos de navegación muy interesantes. Para continuar con el trazo de la muralla debes visitar el Baluarte de Santa Rosa de Lima (4), que está edificado frente al barrio de San Román y actualmente resguarda una pinacoteca.
Date una vuelta por el barrio de San Román y, si estás un poco acalorado, busca una tienda y pregunta por un té helado, con una receta secreta que te refresca bastante, o un clásico Soldado de Chocolate, refresco sabor chocolate que, bien frío, es delicioso. Este Barrio es uno de los más antiguos de la ciudad y fue uno de los preferidos por los piratas para entrar a la villa. Sus calles atestiguaron el primero de los dos ataques que el pirata Lorencillo dirigió contra Campeche.
Visita la Iglesia de San Román para que puedas ver al Cristo Negro, muy venerado por el pueblo de Campeche. Entre los baluartes de San Carlos y Santa Rosa se construyó otra puerta, llamada de San Román (5).
El siguiente Baluarte del recorrido es el de San Juan (6), cuarto en edificarse en 1698 y único preservado en su totalidad, de éste se extiende una muralla que conecta con el Baluarte de San Francisco (7), segundo en cuanto a dimensión. Entre estos dos y a mitad de la muralla se localiza la Puerta de Tierra (8) que era la principal salida por tierra que tenía la antigua Villa de San Francisco de Campeche. La protección de esta puerta estaba encomendada a los dos baluartes que la flanqueaban. Si pides permiso puedes subir a la muralla y caminar por su atalaya, para que te des una idea de lo que era vigilar la villa.
El siguiente Baluarte es el de San Pedro (9); arriba de su puerta de acceso puedes ver el escudo pontificio, símbolo de San Pedro: las dos llaves del cielo y la tiara papal. Se dice que este Baluarte fue sede de juicios por parte del Santo Oficio.
En la parte superior de este Baluarte existe un “purguero al sol” utilizado para someter a los prisioneros.
Otro tramo de muralla unía a este Baluarte con el de San José el Bajo (10), actualmente derruido; cerca de éste se construyó otra puerta, la de Guadalupe (11), misma que daba acceso a la villa a los habitantes del barrio de Guadalupe.
El siguiente baluarte era el de Santiago (12), último de los ocho en construirse y el que cerraba la muralla en 1704.
Para una protección todavía mayor se construyeron dos fuertes en la cima de dos cerros que flanquean la villa. Al oeste el fuerte o reducto de San Miguel, que contaba con cañones de largo alcance cuyas balas hundían con facilidad a los barcos intrusos. Este fuerte resguarda actualmente el Museo de la Cultura Maya. Si lo visitas a eso de las 4:30 de la tarde podrás contemplar un atardecer espectacular.
El otro de los fuertes se construyó al norte y se le llamó Fuerte de San José El Alto.
A los pies de estos fuertes se localizaban cuatro baterías militares y en la loma del Limonar, hoy colonia el Polvorín, se ubica la CASAMATA, lugar donde se guardaba la pólvora.
Imagínate la ferocidad e intensidad de los ataques piratas contra la villa que originó semejante recinto amurallado, el más poderoso de América. Paradójicamente, años antes de finalizar la construcción de la muralla, los ataques piratas ya habían disminuido.
La comida en Campeche es muy sabrosa, especialmente pescados y mariscos. Te recomendamos probar los camarones al coco, el pan de cazón, el pámpano en escabeche y finalizar con un postre de chicozapote.
Por la tarde-noche no debes dejar de asistir al espectáculo de piratas que se ofrece en la Puerta de Tierra.



QUIENES ERAN LOS LADRONES DEL MAR?

Pirata: Enemigo del comercio marítimo general, ataca sólo por afán de lucro sin importar la bandera del navío apresado. Los piratas no están sometidos a la autoridad de ningún soberano.
Corsario: Los corsarios forman parte de una empresa naval encargada de causar bajas al comercio de las potencias enemigas de la bandera que defienden, por lo tanto están sometidos a la autoridad de un rey. Recibir patente de corso implicaba destinar una parte del botín para las arcas del soberano que la otorgaba.
Bucanero: Con este término se designó a lo largo del siglo XVII a los aventureros europeos que llegaron a ocupar la parte despoblada del norte de la isla La Española (hoy Santo Domingo) y que se dedicaban a proveer de carne salada y ahumada a los navíos que contrabandeaban en la zona. Esta forma de llamarlos derivó de la palabra “bucan”, utilizada por los indios nativos de la isla para salar y conservar la carne de los animales que cazaban. Posteriormente, este calificativo se extendió a aquellos ladrones de mar que expedicionaban por las islas.
Filibustero: En la isla de La Tortuga comenzaron a juntarse diversos aventureros que habían sido desplazados de otras islas y que se les conoció como filibusteros. El origen del nombre pudo haber derivado de la traducción al inglés y posteriormente al francés de las palabras holandesas “vrij buiter” (el que captura el botín) o “vrie boot” (embarcación ligera), convertidas en “free booter”, “filibustier” y “fly boat”.
Pichilingue: Término sinónimo en algunas partes de América para filibustero, corsario o pirata. También existen pequeñas playas con este nombre, probablemente por la relación con estos ladrones.

VERACRUZ

La fortaleza de San Juan de Ulúa se localiza en un antiguo islote frente a la ciudad y puerto de Veracruz, actualmente unido a tierra firme por el rompeolas norte que forma parte del puerto artificial de Veracruz.
El nombre de esta isla se le dio en la primera expedición española que llegó a las costas de Veracruz en 1518, la cual estaba al mando de Juan de Grijalva, quien desembarcara en la isla que bautizó con el nombre de San Juan de Ulúa; San Juan por ser 24 de junio —día de san Juan Bautista— y Ulúa porque creyó escuchar las palabras ulúa o colúa a los pobladores que ahí se encontraban. La segunda expedición, al mando de Hernán Cortés, tocó tierra firme frente a la isla, fundando la Villa Rica de la Vera Cruz. Este lugar se convirtió en punto de partida para la conquista de México, así como puerta de entrada de Nueva España. Sin embargo, por encontrarse en un litoral sumamente bajo y expuesto, las naves y en especial los galeones anclaban al abrigo de la isla de San Juan de Ulúa. De ahí se trasladaba a tierra firme a viajeros y carga en pequeñas barcazas; así, San Juan de Ulúa era un paso forzoso para llegar a Nueva España y se comenzaron a levantar construcciones en la isla. Entre 1590 y 1600 inició la construcción del Castillo de San Juan de Ulúa, que serviría para proteger el fondeadero y el puerto. Durante el Virreinato se le consideró de gran importancia y gracias a esta fortaleza fue posible defender el puerto de Veracruz de las incursiones de piratas y filibusteros; al tiempo que cumplía con su función militar: la fortaleza era aprovechada como bodega y prisión.
Si visitas San Juan de Ulúa procura hacerlo con un guía para que te muestre todos los rincones de la fortaleza. Pregunta por ellos en la entrada del museo.
También te recomendamos visitar el Baluarte de Santiago, que es una de las últimas evidencias de la muralla que alguna vez protegió a Veracruz, además de albergar actualmente a las famosas “Joyas del Pescador”. No olvides que es visita obligada pasar al café de la Parroquia.

UN BOTÍN HISTÓRICO

El robo de las joyas de Moctezuma
En 1521 Hernán Cortés decidió enviarle un lujoso presente al emperador Carlos V. Era una muestra representativa de joyas exquisitamente labradas por los indígenas de Moctezuma y que consistía —según la propia descripción de Cortés— en esmeraldas, vajillas de oro y plata en formas de animales, frutas y flores; zarcillos, sortijas, bezotes, ídolos y cerbatanas en oro y plata, máscaras hechas de mosaico de piedras finas y oro, ropas y ornamentos de templo finamente tejidos con plumas, algodón y pelo de conejo, y algo mucho más valioso por su significado simbólico: el Penacho de Moctezuma.
Los encargados de llevar tan valioso obsequio fueron Antonio Quiñónez y Alonso de Ávila quienes navegaron sin contratiempos hasta que en la isla Tercera (las Azores), Ávila perdió la vida en una riña originada por motivos amorosos. Antonio Quiñónez siguió la ruta hacia España, pero a la altura del cabo San Vicente tuvo la desgracia de toparse con las naves del pirata francés Jean Fleury o Juan Florín como le decían los españoles. El nuevo afortunado y poseedor de tan rico botín ofreció este tesoro al rey Francisco I de Francia. Sin embargo, seis años más tarde tuvo la desgracia de ser atrapado por las fuerzas españolas y mandado ahorcar por órdenes de Carlos V en el puerto de Cádiz.
El penacho actualmente se encuentra en Europa, en uno de los museos de Viena, capital de Austría. El que se encuentra en el Museo de Antropología de la Ciudad de México es sólo un réplica.



LOS BARCOS PIRATAS

¿Por qué eran más veloces los barcos de piratas y corsarios? Durante los siglos XVI y XVII, época de mayor auge de la piratería en aguas americanas, los navíos construidos por la Corona española fueron sufriendo varias modificaciones en su diseño. Las carabelas, pequeños barcos en que los europeos iniciaron su aventura hacia el Nuevo Mundo, fueron transformándose hasta alcanzar la forma y dimensiones del galeón; barco cuyos costados se agrandaron —como si fuera una gran panza— para que tuviera mayor capacidad de almacén, sacrificando con esto la velocidad y capacidad de maniobra de la embarcación.
Los diseños navales de los enemigos del imperio español, franceses, ingleses y holandeses, tenían la ventaja de ser más alargados y tener menos cubiertas, lo que les daba gran velocidad y les permitía, además, jugar con las velas y las corrientes para lograr maniobras más sofisticadas al momento de acercarse a sus presas. Además, cuando atacaban alguna flota o barco español, los navíos de los piratas iban con poco cargamento, sólo lo necesario para la navegación que solía ser corta, lo que los volvía mucho más ligeros que los barcos españoles, abarrotados de mercancías tanto del Nuevo Mundo como del Viejo Continente. Sin embargo, cuando los piratas sometían algún convoy, solían escoger los barcos que consideraban mejores para añadirlos a su flota

La Marigalante es una réplica de un “galeón”, ubicado en Puerto Vallarta.
Estar a bordo de este barco o simplemente verlo zarpar es una visión espectacular, como trasladarte 300 años al pasado. Este barco da servicio a los turistas. Para informes, comunícate al tel.: 01 (322) 223 0875, 223 0309, 223 1662 o en: www.marigalante.com.mx

PIRATAS Y FILIBUSTEROS FAMOSOS

Siglo XVI

Jean Fleury o Juan Florín: Fue uno de los corsarios más conocidos de su tiempo. Sirvió a las órdenes de Jean Ango, comerciante de Dieppe, Francia, que se enriqueció con la piratería. En 1521 realizó el robo de las “Joyas de Moctezuma”, regalo de más de 150 mil ducados que Cortés le había enviado al emperador Carlos V. En 1527 fue atrapado y condenado a la horca.

Jacques de Sores: Comenzó como lugarteniente del pirata francés François Le Clerc, pero en 1555 inició por su cuenta el oficio de pirata. Fue uno de los piratas franceses más notables del siglo XVI, famoso por su ambición y audacia, se caracterizaba por el odio que profesaba contra la religión católica, lo que lo hizo más terrible y sanguinario.

John Hawkins: Corsario y uno de los mejores navegantes de su tiempo, era un lobo de mar y también un gran mercader. Se dedicó además a la caza y venta de esclavos negros. En 1568 intentó tomar el puerto de Veracruz pero fracasó y sólo pudo regresar a Inglaterra con dos naves maltrechas y unos cuantos hombres hambrientos y enfermos. Muere en 1595.

Francis Drake: Corsario, inició su carrera a los 22 años a cargo de una de las naves de John Hawkins —su tío— que en 1568 atacaron el puerto de Veracruz con resultados negativos para la flota inglesa. Fue de los piratas más admirados de su tiempo, la reina Isabel le concedió el título de caballero en reconocimiento a sus méritos. Muere de disentería en 1596 cerca de Portobello, Panamá.

William Parker: Corsario inglés, en 1597 sitia a Campeche durante 17 días. Desembarca en el Barrio de San Román y asalta y saquea la población.

Siglo XVII

Jacobo Jackson: Corsario inglés mejor conocido como el Conde de Santa Catalina, saquea Champotón en 1644.

Edward Mansfield (Mansvelt o Mansafar): Este corsario era holandés de nacimiento y estuvo al servicio de los ingleses. Fue maestro de conocidos filibusteros entre los que destaca Henry Morgan. En 1663 participó en el saqueo de Campeche. En 1667 muere de extrañas circunstancias en La Tortuga, probablemente envenenado.

Laurent Graff (Lorencillo): Filibustero flamenco-español. En 1672 intentó atacar las costas de Campeche con poco éxito, sin embargo tuvo más suerte y mejor botín cuando atacó de nuevo en 1685. En el intervalo de estos dos asaltos realizó una victoriosa incursión a Veracruz en 1683. Después de su exitoso ataque a Veracruz, fue premiado en Santo Domingo con la designación de almirante y dos años después, luego de atacar Campeche, se integró oficialmente a las fuerzas francesas de Luis XIV en contra de Inglaterra, recibiendo el cargo de Mayor y tratamiento de “Laurent Cornille, Baldrán, señor de Graff, lugarteniente del rey en la isla de Santo Domingo, capitán de fragata ligera y caballero de San Luis”. En 1699 formó parte del grupo expedicionario en Louisiana y en la fundación de la ciudad norteamericana de Movile, donde se dice murió como honrado ciudadano en 1704.

Lewis Scott: Pirata inglés que atacó Campeche en 1678. Durante tres días saquearon la ciudad y posteriormente pidieron rescate por las 250 familias que tenían cautivas.

Rok el Brasiliano: Originario de Holanda, desde muy pequeño emigró con sus padres al Brasil en busca de fortuna. Conocido por su audacia, valentía, temeridad y odio hacia los españoles atacó en varias ocasiones la costa de Campeche.

Kornelio Jakes o Cornelis Corneliszoom Jol (Pie de Palo): Corsario y pirata holandés también llamado Cornelius Goll. Perdió su pierna izquierda en un combate a la edad de 20 años. Después de varios intentos de ataque a Cuba intentó con mejor suerte en el puerto de San Francisco de Campeche y junto a Diego Lucifer lo saquearon e incendiaron en 1633. Murió en Holanda en 1641.

Diego el mulato: Natural de La Habana, vivió su infancia en Campeche. Participó en 1633 en el ataque a Campeche junto con Pie de Palo. En 1636 apresó el navío de la viuda del gobernador Fernando Centeno Maldonado cuando se dirigía a Veracruz, pero cuando supo la identidad de la mujer ordenó que una escolta la acompañara hasta su destino para resguardarla de cualquier otro ataque.

François Nau (el “Olonés”): Originario de Sables-d’Olonne, localidad francesa en la región de Poitou; fue bucanero y finalmente filibustero. Se caracterizó por sus acciones crueles y sanguinarias. Atacó varias veces el puerto de Campeche; en 1664 fue hecho prisionero en las costas del Darién por unos indígenas que lo asaron y se lo comieron.

Sir Henry Morgan: Originario de Llanrhidian, Gales, de una familia de tradición militar. Corsario y filibustero; atacó dos barcos frente a la costa de Campeche en 1661 y en 1665 a Tabasco. Murió en 1668 en Jamaica con todos los honores; había sido nombrado Sir por el Rey de Inglaterra con la misión de ser policía de mar para combatir a sus antiguos compañeros piratas.

Bartolomé Portugués: Lusitano de nacimiento, operó bajo patente del gobernador de Jamaica; atacó Campeche y fue capturado, juzgado y sentenciado a muerte. Logró escapar y volvió a Campeche y tomó un barco para regresar a Jamaica. Naufragó en los Jardines de Cuba pero llegó finalmente a Jamaica.

ACAPULCO

Grandes juncos, especias de las islas de Asia, tés de Ceilán, marfiles, telas de China e India, gran cantidad de sedas, porcelanas, muebles y objetos de ornato, oro y plata llegaban al puerto de Acapulco desde las Filipinas. Además, en Acapulco se embarcaban la plata, cochinilla para teñir mantos reales, vinos, aceite y cacao. Todas estas mercancías se transportaban en galeones (navíos de más de 2,000 toneladas) equipados para la autodefensa y cuya forma dificultaba el abordaje desde otra nave. Los galeones que cubrían la ruta Acapulco-Filipinas eran conocidos como Galeón de Manila o Nao de China.
La ruta marítima por donde navegó el Galeón de Manila estuvo en uso desde 1565 hasta 1815, año en que la Corona liberó a Filipinas de la dependencia comercial que sostenía con Nueva España.
Como podrás imaginarte, el sueño de todo pirata era apoderarse de estas riquísimas naves y para muchos fue más que un sueño.
Uno de los asaltos más nombrados fue el que realizó el pirata inglés Thomas Cavendish al Galeón Santa Ana en 1587, frente a las costas de Cabo San Lucas, en su ruta hacia Acapulco. El Santa Ana, no artillado, navegaba con un tesoro en oro, perlas, joyas de Burma, marfil de la India, sedas y telas finas y especies, cuando fue cañoneado por el joven Cavendish, de sólo 27 años de edad. Thomas tenía fama de galante y desembarcó a la tripulación del Santa Ana y al terminar de saquearlo entregó a su comandante la bitácora del barco, con su firma al pie de los detalles del botín.
De Cavendish se cuentan varias leyendas en el área de Bahías de Huatulco, sitio que utilizó para esconderse y reabastecerse.
Esta hazaña despertó la ambición de otros piratas ingleses, tal es el caso de William Dampier quien, junto con Woodes Rogers, repitió la hazaña de Cavendish en la misma zona de Cabo San Lucas y se apoderaron del Galeón Nuestra Señora de la Encarnación.
Otros piratas y corsarios, de la época que operaron en el Pacífico acosando galeones de Manila, fueron John Clipperton y George Shelvocke. Este constante acoso en el Pacífico alertó a la Corona española para construir el Fuerte de San Diego.
El nombre de esta fortaleza se debe al santo patrono del virrey de Nueva España, Diego Fernández de Córdoba, quien en 1615 mandó construir la primera fortaleza en el puerto con el fin de resguardarlo de las incursiones piratas. Este edificio fue destruido por el terremoto de 1776, sobre sus ruinas se diseñó otro más avanzado. En 1778-1783 se edificó la fortaleza que actualmente conocemos.
Date una vuelta por Acapulco y visita el fuerte de San Diego, donde podrás admirar una interesante colección de objetos que la Nao de China transportaba.



COMO RECORRER LA RUTA DE PIRATAS?

Para hacer el recorrido de esta ruta histórica, es necesario que te informes de cada lugar antes de visitarlo, así, cuando te encuentres en estos lugares donde sucedieron los hechos los disfrutarás al máximo.
No existe un operador que te lleve, por lo que te recomendamos planear tu viaje, (sitios que visitar, hoteles, restaurantes, transporte, etc). Recuerda que la planeación es parte de la emoción de estos recorridos.
Para mayor información de las ciudades mencionadas en este artículo:
• Campeche, comunícate al tel.: 01 (981) 811 9255
• Veracruz, comunícate al tel.: 01 800 624 78 33
• Acapulco, comunícate al tel.: 01 (744) 481 1168
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