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![]() TATEWARÍ
En el Parque Nacional Cumbres de Monterrey existen grandes paredes, algunas sagradas para los huicholes. Es aquí donde inicia la aventura para la apertura de Tatewarí: “La pared sin nombre” Tarde que temprano, las cosas caen por su propio peso; eso me decía mi abuelo cuando apenas comenzaba a vislumbrar y descubrir lo bello que ofrece la madre Tierra. Así como lo mucho que hay que aprender de ella todos los días. El primer contacto con una pared de roca, y más si ésta es virgen, es como transportarte a dimensiones ocultas. En ocasiones se siente un cosquilleo a la altura del vientre. Otras uno está ensimismado, como cuando te quedas viendo un objeto y entras en una especie de trance... te vas, y de repente sientes cómo se aclara una visión. Lograr esa visión es cuestión de encausar la energía, sentir, enfrentar y vivir por ella. Muchas veces hemos ido a escalar en roca al “Potrero Chico” en la población de Hidalgo, Nuevo León. Es un lugar muy bonito, abunda la roca caliza y se yerguen enormes paredes que alcanzan más de 600 metros de altura enclavadas en medio del desierto, dando un toque mágico al lugar. Sobre todo las personas que habitan Hidalgo han acogido a los escaladores dándole un aspecto cosmopolita al pueblo. Hidalgo es un pueblo que vive de la industria del cemento y hoy en día tiene la opción de recibir turistas deportivos de todo el mundo. Los últimos seis años, escaladores de E.U. han desarrollado la zona, convirtiéndola en un punto importante de escalada en roca a nivel internacional. Una nueva opción para los lugareños. En la penúltima visita al “Potrero Chico” me encontré con un muchacho de Texas, quien ha visitado este lugar en los últimos años, cuyo nombre es James. Después de conversar un rato, me comentó que conoce un lugar en el Parque Nacional Cumbres de Monterrey, mejor conocido como “La Huasteca”, donde unos escaladores regiomontanos han comenzado a desarrollar una nueva zona de escalada. La cosquilla Ni tarde ni perezoso, pedí de favor que me llevará a ese lugar. Enormes y verticales placas grises de roca emergidas de la tierra, con faldas de arbustos, cactus y espinos de color verde, dan una cordial bienvenida. La torre de Independencia es la pared más relevante al entrar al parque; una enorme cueva la atraviesa de forma espectacular. Pioneros en los años cincuenta y sesenta osaron trepar estas bellas rocas con cuerdas de Ixtle, atados a la cintura y utilizando como seguros clavos, cordinos de Ixtle para insertar en los puentes de roca, nudos, ganchos de madera, tuercas, rondanas, clavijas y todo lo que el ingenio les permitía. Dejando las primeras rutas clásicas y, a su vez, sembrar la semilla de un nuevo estilo de vida. A tan sólo 20 minutos de la entrada del parque y por brecha, entre grandes montañas rocosas, se puede apreciar “Guitarritas”. Es como le llaman a ese punto mágico, donde las comunidades huicholas realizan ceremonias rituales durante el año. Entiendo que eligieron ese lugar por ser una puerta de entrada de energía y porque ahí, en las capri-chosas montañas, se encuentran plasma-das y proyectadas sus deidades. El paisaje es espectacular, llama la atención una pared muy vertical y alta, libre de plantas y roca suelta... De pronto, un llamado especial, algo así como un cosquilleo y, conforme se acentúa, crece una fijación: pregunto su nombre y nadie sabe decirme nada acerca de ella. En el lugar se encuentran Ramón y otros escaladores de Monterrey, están ahí para continuar con la ardua labor del equipamiento de rutas para escalar. Como saben, en la escalada deportiva hay que instalar unos tornillos expansores de alta resistencia, así como unas plaquetas que sujetan en caso de una caída. El mordisco Comentan los chicos que hay un sector nuevo para equipar, muy motivados nos dirigimos a él. Sólo que hay que tomar en cuenta que es un día nublado y ha estado lloviendo, colocamos rápidamente arneses y herramientas para equipar. Avanzo unos metros sobre la roca y coloco un expansor; dispuesto a seguir, una fuerte lluvia nos baña inmediatamente obligándonos a concluir con la labor. Huimos como se pudo y nos metimos al coche, con tan sólo una probadita y una breve visión de lo que ofrece el lugar, sobre todo el misterio de la gran pared, de la cual no se sabe su nombre. Salimos del parque con la ilusión de regresar y sentir la majestuosa vibra del lugar. De nuevo estamos en el “Potrero”, el mal tiempo impera, hay que retornar al D.F., me despido de los amigos aún con ese cosquilleo en el vientre. Una vez en la Ciudad de México, me encontré con Aarón, amigo que también regresó de aquellos rumbos. Me cuenta que al día siguiente de mi regreso acudieron de nueva cuenta los muchachos de Monterrey a equipar “Guitarritas”, sólo que hubo un incidente, ya que por donde subían había un panal de abejas y fueron atacados dos de ellos con más de 100 picaduras, teniendo que llevarlos a un hospital. Vaya lección de vida. ![]() Los días pasan y por momentos la imagen de la hermosa pared resalta en mi mente. Nadie ha osado ascenderla y eso aumenta el interés por conquistarla. Para llevar a cabo esta visión, una apertura de este tipo requiere de un equipo de trabajo que domine el estilo de escalada en libre y el uso de la herramienta especializada, además del material necesario para la instalación de la ruta (tornillos, plaquetas, baterías, taladro, brocas y demás utensilios para gran pared), y por supuesto los gastos de transporte, alimentación y estadía. Todo esto tiene un costo monetario y los apoyos no son nada fáciles de obtener. Así que de nueva cuenta hay que trabajar y gastar de la propia bolsa. Mientras reúno todo lo necesario, comienzo a sondear a algunos amigos que pueden realizar la escalada. Unos ya tienen planes y otros se limitan; esto suele suceder, sólo que no pierdo la cabeza y, en el último momento, Francisco Trad decide acompañarme. Para esto le comento que es una empresa de mucho trabajo y concordancia, para lo cual hay que mentalizarse y no darse por vencido. Hay que asegurar cada una de las fases, sobre todo trabajo en equipo y actitud positiva. Fijamos el día de partida y estrechamos nuestras manos. Caminito a la escuela Era de madrugada cuando pasé por Francisco Trad, muy emocionado comenta acerca del momentáneo escape de la Ciudad de México y del hecho de participar en este proyecto. Para él es algo nuevo esto de abrir una ruta a varios metros de altura y, por supuesto, dormir suspendido de una hamaca, sin bañarse en varios días, comer austero, trabajar desde que amanece hasta el atardecer y sufrir todas las incomodidades que te puedas imaginar. La aventura está en camino apenas cruzas la puerta de entrada al parque popular de la Huasteca, en el municipio de Santa Catarina, a las afueras de Monterrey. Enormes paredes de roca caliza se levantan formando pliegues en forma de ”V” invertidas recargadas unas en otras, culminando en bellas y atractivas cumbres. Sensibilizan a todo aquel que visite el lugar. Al llegar a Santa Catarina, lo primero que hicimos fue contactar a Francisco Medina, escalador de Monterrey, quien ha contribuido al desarrollo de la escalada en la “Huasteca”. Confirmamos algunos datos acerca del lugar y posteriormente nos ofreció hospedaje. Por supuesto lo invitamos al proyecto, a lo cual accedió. Un día después nos dirigimos a la pared. Antes de iniciar, hicimos un alto frente a la casa de don Simón, quien es Juez de campo y está encargado de cuidar la flora y fauna de gran parte de ese cañón. Hablamos con él y nos facilitó un lugar para establecer el campo base, para lo cual nos acompañó hasta el sitio. Nos recibió muy interesado y, con cierta curiosidad, hizo algunas preguntas. ¿Qué pensábamos hacer?, ¿si en verdad podríamos escalar ese macizo de roca? Y cosas por el estilo. Nos comentó que durante el camino, la comunidad huichola se encontraría en Guitarritas celebrando un rito de purificación. Visualizamos lo que sería el campamento base y le dimos las gracias. Dejamos el auto a un lado de la brecha, estudiamos la pared con telescopio y binoculares para trazar la ruta imaginaria; al poco rato comenzamos a caminar en dirección a la base, cruzamos por una zona de matorrales y espinos, lo cual dificultó el acceso. Con las mochilas a cuestas, y ligeros de peso, trazamos la vereda que nos acercara a la base de la pared. Llevamos un par de litros de agua y un machete para abrir paso y cortar algunos espinos. Un par de horas tomó trazar la vereda, un talud de piedras y bloques de roca con formaciones de gota de agua y textura abrasiva. Mucha pared para escoger; con tanta excitación no sabíamos por dónde comenzar. Recorrimos gran parte de la base, quedando sorprendidos del potencial de la pared. Emprendimos el regreso con mucha ilusión y con más certeza de lo que íbamos a disfrutar. Al llegar al auto comentamos la posibilidad de visitar a los huicholes y entablar una plática; ellos se concentran en una explanada donde acampan. Al llegar mi impresión es asombrosa: pequeños corriendo de un lado a otro con sus sencillas vestimentas de algodón blanco y colores vivos, mientras los adultos, con sombreros llenos de plumas, morrales colgando de sus hombros y algunos portando una vara. El acercamiento fue especial y uno de los chamanes dio la bienvenida invitándonos a la ceremonia de purificación que efectuarían por la noche. Platicamos acerca de sus costumbres y de por qué escogieron este lugar tan bello. Dicen que es uno de los puntos de energía que visitan durante el año y que es muy importante para dar las gracias a sus deidades por proporcionarles alimento y vida. ¡Mucha atención! Dice el chamán: “¿ven la arista de ese macizo de roca? Ahí esta posada un águila con las alas extendidas y si observan las demás montañas, cada una representa a un dios, por ejemplo, esa pared tan larga se llama ‘Tatewarí’, El Abuelo Fuego, que por milenios nos ha hecho compañía, y es fundamental en nuestras ceremonias para purificar, ¡Él lo limpia todo! Si se fijan bien pueden ver su cuerpo, de izquierda a derecha se ve desde la cabeza hasta los pies.” Ahora sabemos el nombre de la pared. En ese momento sentí como un llamado en pleno atardecer, el cosquilleo en el vientre aumentó. Los colores se reflejan en tonos ocres y se proyectan sobre la roca dando un punto místico al asunto. Dimos las gracias y les dijimos que regresaríamos al día siguiente para saludarlos. Guardianes del lugar Muy temprano caminamos el penoso talud, con la idea de trazar el primer largo.1 Una vez en la base preparamos el equipo y comencé el ascenso por una cara de la pared con agujeros. Algunas fisuras permiten aferrarse a la roca y progresar hasta una repisa con plantas y piedras semisueltas: primer punto de reunión,2 y sólo seis tornillos con plaquetas en cincuenta metros de recorrido,3 bastante bien protegidos. Lancé un chiflido y el equipo responde entusiasta y aquello parece un concierto. Sentimos que fue suficiente por ese día y bajamos hasta la casa verde donde dejamos el coche. Francisco Medina regresó a Monterrey quedándonos solos Paco Trad y yo. Visitamos a los huicholes y les dejamos unos encargos (cigarrillos y café). Se despidieron de nosotros en espera de otro encuentro casual. La mente se revoluciona, sin dejar de pensar en los pasos a seguir dentro de la estrategia para el ascenso al bien ponderado macizo de roca. Regresamos a Santa Catarina y partimos hacia el Potrero en busca de Rodean, un amigo de los “estates”, al cual siempre es un gusto verlo, quien nos facilitó algunas cosas necesarias para el ascenso. En una de esas tardes subimos una ruta clásica que se llama “Los mocos de las niñas”. Es de cinco largos de cuerda y culmina con forma de una aguja, eso la hace muy particular. Desde ahí apreciamos el atardecer, en busca de cazar el poder. ![]() Mentalizados para permanecer seis días en la pared, Paco y yo emprendemos el regreso a “Guitarritas” y nos sentimos listos para resolver el laberinto de los movimientos mágicos que llevan a la cumbre. Lo primero que hicimos fue instalar el campo base, acondicionamos el lugar para poner dos tiendas y un sitio para la preciada fogata. Los días siguientes los empleamos en subir a la base de la pared herramientas, alimentos y agua; a su vez, avanzamos 80 metros verticales colocándonos muy en alto y dejando todo listo para subirnos. Ese día nos levantamos muy temprano y subimos los costales con los implementos necesarios para lograr la cumbre. Es la primera vez que Paco permanecerá unos días sin bajar al suelo y se encuentra emocionado. Avanzamos un promedio de 75 metros verticales por día. Por la noche nos relajamos sobre la porta-repisas, calentamos agua en la estufa colgante para preparar una sopa acompañada con pedazos de queso; frente a nosotros, una hermosa palmera con ocho metros de altura nos proyecta su sombra. Pregunto a Paco qué le parece el bivac (porta-repisas). Sólo se dibuja en su cara una enorme sonrisa, extiende los brazos y los agita como un ave. La fragancia Pasamos una “noche buena” colgados y con un frío del cocol. Amaneció nublado y con algo de viento, lo que disminuye la temperatura y provoca aún más frío. Es una prueba y no debemos claudicar. Así, me armo de los implementos y avanzamos a un paso lento, otro largo y medio. Es muy bonita la vegetación sobre la roca, he tenido que quitar unas cuantas plantas y al cortarlas con las manos, despiden unos olores que revolotean en el olfato, huelen rico. Las palmeras abundan y son muy altas. Las palmas tienen muchas pencas con espinas y hay que esquivarlas. También tiramos unos bloques de roca enormes para evitar que caigan en futuros ascensos. Por la noche, y ocasionalmente, las estrellas fugaces cruzan por el firmamento. Escuchamos cuervos, halcones, pájaros, búhos, auras, gallos y ladridos de coyotes y perros. La luna estaba creciendo y proyectaba su luz dando un efecto grandioso en blanco y negro. Los días pasaron rápido y ya estamos cerca de la cumbre. El último largo es como un poema, los agarres están ni mandados hacer, son abrasivos y tienen formas caprichosas. Coloco la última reunión en pleno atardecer y la emoción me invade. Paco permanece ahí y no sube. Así le comunico que iré hasta la cumbre. Eran aproximadamente las 6 de la tarde, caminé hasta donde me dio la cuerda que estaba fija en la reunión, cruzo entre bloques que están recargados unos con otros, no más de veinte metros me alcanzó la cuerda y me desate. Camine unos cuantos metros más y exclame un grito de guerrero, tome un par de fotos que aún me quedaban. ![]() Emprendí el regreso con precaución entre los bloques y me amarré de nuevo. Le grité a Paco avisándole que comenzaría el descenso e instale el rappel. Llegamos de nueva cuenta a la repisa de tierra y piedras que acondicionamos la noche pasada. “Bivaqueamos” en ese lugar, es muy confortable, caben dos personas; una vez ahí disfrutamos de la luna que estaba casi llena. Con los pies en la tierra A la mañana siguiente comenzamos el descenso por los 350 metros de altura que nos separaban del suelo. Estabamos contentos de estar de nueva cuenta con los pies en la tierra y de haber logrado el primer ascenso dejando una ruta muy bella. Las piernas no responden muy bien después de estar suspendido por varios días y, al bajar por el talud de rocas, fue muy fácil caer un par de veces. Salimos del cañón con el espíritu muy en alto y con ganas de celebrar: habíamos conquistado los 516 m de la pared sin nombre, de Tatewarí. Otro día regresaríamos a la base a recoger todas las cosas. Un buen baño, una buena comida y una cerveza fue lo primero que buscamos. Conforme pasan los días, la reflexión de esta experiencia no se hace esperar. Sentir una paz interna al ver pasar los días aferrado sobre la roca expuesto a los elementos naturales, disfrutar de las hermosas vistas, conocer gente, convivir con una persona y resolver el trabajo continuo con los altibajos de carácter de cada uno, es una forma de templar el autocontrol y aplicarlo sobre todo en momentos clave, principalmente al trabajar en equipo. La grandiosa oportunidad de haber conocido a los huicholes, saber más de ellos e intentar aplicar el aprendizaje de la vida sencilla, buscando una vida multicolor y humilde. ¡Gracias cañón de “Guitarritas”, a “Tatewarí” y demás entes! A don Simón y Trinidad Correa Loera, sobre todo a Leticia y Francisco Medina que nos dieron posada en Santa Catarina, y a todos los que de alguna manera se involucraron en este proyecto. “La Huasteca” posee varias paredes de hasta 600 m esperando a ser conquistadas. Sólo queda decir: “Hay que estar en constante búsqueda de un punto de fijación”. 1. El Largo es la distancia de avance entre cada punto de reunión que puede ser de 50 a 60 m dependiendo del largo de la cuerda. 2. El punto de reunión es donde se recupera cuerda para seguir avanzando. Si hay repisas cómodas (salientes) se puede hacer la reunión en estos lugares. Si no, se evalúa hasta dónde permite subir la cuerda y se coloca una reunión aérea. 3. Por lo regular los tornillos se colocan cada dos metros. SOBRE TATEWARÍ La apertura de la 1er ruta en la gran Pared de “Tatewarí” fue de 516 m con grado V-5.12d. • “Tatewarí” significa en huichol “Cola de Venado”. • La apertura se realizó en 5 días con 4 noches en los porta-repisas o bivacs. • Don Simón es juez y guarda de varias hectáreas de tierra dentro del cañón de San Nicolás y si tienes pensado visitar el área de “Guitarritas” o “Tatewarí” puedes acudir a él. En el Parque Nacional Cumbres de Monterrey conocido como “La Huasteca”, abundan grandes paredes siendo fácil el acceso para llegar a ellas. Dentro del parque existe una terraceria con 25 km de recorrido; mismo que conecta con un poblado en lo alto de la sierra. Durante el trayecto se vislumbran muchos picos. Sin duda, el lugar ofrece un potencial muy amplio para desarrollar el deporte de la escalada en roca deportiva y tradicional. En el parque existen paredes de hasta 600 m de altura. El parque popular de “La Huasteca” se localiza en el municipio de Santa Catarina, a las afueras de Monterrey. Informes al 01 (81) 8331-7765 / 66. Carlos García es originario del Estado de México y cuenta con trece años de experiencia dentro de la escalada en roca. El año siguiente a la apertura de “Tatewarí”, Carlos, en compañía de otros dos escaladores, abrió una ruta deportiva en el pico opuesto a “Tatewarí”, conocido como pico “Erin“. Si quieres comunicarte con Carlos puedes hacerlo a: simuchi@yahoo.com |
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