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Trekking en busca de Petroglifos

En la Zona de Xihuingo, en el estado de Hidalgo, se localizan los misteriosos grabados en piedra que aparecen con la luz del sol

Buscar ¿Petroglifos?... fue mi primera expresión cuando recibí la invitación de un grupo de amigos arqueólogos para acompañarlos a un lugar llamado Xihuingo, con el fin de buscar grabados en piedra de la época prehispánica. Mi respuesta —casi inmediata— fue: ¡¿cuándo salimos?! Yo no soy arqueólogo y mis conocimientos sobre estos temas son a nivel de aficionado; pero lo único que sí sé es que la oportunidad de acompañar a verdaderos arqueólogos a trabajar en campo es algo que por nada del mundo me perdería.
El sitio de Xihuingo, también conocido como Tepeapulco, se localiza a 3 km al norte de la población de Tepeapulco, Hidalgo, y a unos 35 km al noroeste de Teotihuacan. Aproximadamente a una hora y cuarto de la ciudad de México viajando por la carretera México-Pirámides y después por la nueva autopista a Tulancingo, tomando la desviación a Cd. Sahagún.
Xihuingo, según explicaron los investigadores, es un sitio arqueológico con miles de años de historia pues cuenta con vestigios que van desde pintura rupestre hasta asentamientos coloniales, posiblemente con un lapso de tiempo de unos 4 mil años.
El sitio de Xihuingo fue en algún tiempo un centro de control de tránsito de productos teotihuacanos, debido a la posición estratégica que lo ubica entre el golfo de México y Mesoamérica, en el altiplano central, lo que hoy comprenden los estados de Hidalgo, México, D.F. y Morelos. En aquel tiempo era una especie de aduana principalmente de obsidiana, material que ahí se ha encontrado abundantemente, además de otros vestigios tales como basamentos y fragmentos de cerámica.
Pero los petroglifos, según me platicaron los especialistas, no son exclusivos de este sitio; a decir verdad, la talla de petroglifos ha estado presente prácticamente desde que los primeros seres humanos dominaron el uso de herramientas. Existen petroglifos en casi todo el mundo, desde el antiguo Egipto hasta en las regiones que ocuparon las tribus americanas, desde la selva africana hasta Asia; casi siempre asociados a símbolos de la vida cotidiana o de actividades rituales. Lo que hace diferente a los petroglifos de Xihuingo es su significado: la posible representación de observaciones astronómicas, de registros del cielo prehis-pánico sobre material pétreo.



Durante el trayecto, escuché con atención esta plática hasta que llegamos al valle de Xihuingo a eso de las 9 de la mañana. El aire todavía estaba húmedo y el sol apenas comenzaba a calentar. Para entrar al valle hay que recorrer aproximadamente 1 km de terracería ligera o si se tiene a la mano alguna bici de montaña qué mejor.
El lugar es mágico, se encuentra a las faldas de una cadena de cerros con bastantes acantilados, la vegetación va de semidesértica en la parte baja a casi bosque en la cima. Las formaciones rocosas que ahí encontramos representaron un material excelente para los diversos artistas que en diferentes épocas trabajaron pintura rupestre y petroglifos en el periodo prehispánico.
La zona de Xihuingo cuenta con abun-dantes grabados en piedra de diferentes formas y significados; estos grabados tienen la peculiaridad de aparecer y desaparecer visualmente con relación a la posición del sol debido a un efecto de luz y sombra: dichos grabados son lo que llamamos petroglifos, de petro-piedra y glifo-marca o grabado. Por ello, las mejores horas para ver y descubrir petroglifos son entre las 9 y las 11 de la mañana y, pasado el medio día, entre las 2 y las 4 de la tarde.
Después de determinar nuestra posición por medio de brújulas nos dirigimos hacia un par de petroglifos que ya habían sido localizados en visitas anteriores, lo cual sirvió como práctica para luego realizar la búsqueda en grupos.
Encontramos un petroglifo al que llaman “el astronauta” debido a que semeja una figura de un individuo que está sentado (“posición sedente” en lenguaje arqueológico) y alrededor se distinguen algunas formas que parecen estrellas y planetas. Nos explicaron que tal vez podría ser el registro de la explosión de una supernova ocurrida hacia el año 393 d.c., que durante varias semanas fue visible, incluso en el día, y que astrónomos chinos de la época también registraron.
La zona es verdaderamente grande y me sorprendió que a cada paso que dábamos encontrábamos fragmentos de obsidiana y cerámica, algunos de los cuales todavía conservaban perfectamente el color y el diseño. Los arqueólogos explicaron que toda esa pedacería era el resultado de un largo proceso de asentamientos prehispánicos.
Por el tamaño de la zona nos percatamos que la localización de estos petroglifos nos iba a llevar más tiempo de lo planeado y que tendríamos que esperar a que pasara el medio día para que las sombras proyectadas por el sol pudieran facilitar la localización.
Tuvimos suerte de toparnos con el custodio del sitio, quien conoce el lugar casi en su totalidad; se ofreció a ser nuestro guía. Fabián —nombre del custodio— nos habló de las constantes visitas e investigaciones que el Dr. Matthieu Wallrath, investigador independiente, realiza con los petroglifos, en especial los conocidos como marcadores astronómicos. El Dr. Wallrath es uno de los especialistas en petroglifos de Xihuingo.
Localizamos un magnífico marcador astronómico, posiblemente teotihuacano; éstos son una sucesión de puntos tallados sobre la roca que forman, por lo general, dos círculos concéntricos atravesados por dos líneas en forma de “X” y que, según algunas teorías, funcionaban como registros de la posición del sol o medida del tiempo para la agricultura. El marcador que ubica-mos tiene además otros pequeños petroglifos anexos como una espiral y una especie de serpiente en forma de número 2 que, según los arqueólogos, podría tratarse de la constelación de escorpión. Un total de 46 marcadores de este tipo se han localizado en Xihuingo. el hecho de que los petroglifos de Xihuingo estén grabados en roca les confiere un carácter de perma-nencia, por lo que algunos arqueoastró-nomos piensan que este sitio funcionó como una especie de “escuela de observación”, lo cual permitió que varias generaciones pudieran aprender a observar el movimiento de los astros durante varios años de la época prehispánica.
Antes de continuar la búsqueda de petroglifos, Fabián nos habló de las pinturas rupestres que se habían descubierto en Xihuingo y, como podrán imaginar, no resistimos las ganas de verlas, así que nos desviamos un momento del plan original y, siguiendo la ruta que Fabián nos mostró, ascendimos por una escarpada colina al Cerro de Tres Peñas. Subimos a través de un angosto sendero entre grandes peñascos y diferentes clases de plantas espinosas. Logramos llegar a una gran pared vertical donde se podían observar con claridad varias manos, por el tamaño que tenían proba-blemente eran de adolescentes; estaban plasmadas sobre el muro con un pigmento rojo; las llamamos “las manitas”. Me sorprendió la idea de que alguien pudiera dejar una pintura que perdurara por varios cientos y tal vez miles de años. La fecha de la pintura no puede precisarse debido a que no ha sido estudiada a fondo, pero proba-blemente revele muchas sorpresas.
Dejamos el lugar y nos dirigimos a la parte opuesta del peñasco, ascendiendo al cerro principal de Xihuingo para, luego de caminar un buen tramo, llegar a donde se ubicaba otra pintura rupestre; la cual representaba a un grupo de tres cazadores tal vez realizando algún tipo de ceremonia.
Descendimos todavía emocionados por las pinturas y dispuestos a recuperar el plan original del recorrido. Nos dividimos en dos grupos para registrar la mayor cantidad de petroglifos posible. El grupo al que me integré tuvo la suerte de identificar un gran petroglifo que representa una deidad prehispánica trazada mediante puntos, posiblemente se trate de Chicomecoatl o deidad del maíz, lo que no es nada raro ya que gran parte de la observación del cielo que los antiguos hacían tenía que ver con la llegada de la época de lluvias y los beneficios para la agricultura.
En esta experiencia, ampliamente recomendable, tuvimos la suerte de localizar bastantes figuras entre marcadores astronómicos, espirales y dobles espirales, caras antropomorfas y muchas otras formas geométricas.
Cayó la tarde y con ella la luz del sol se fue extinguiendo, así que tuvo que concluir la visita a Xihuingo. De regreso pasamos a Teotihuacan para comer a manera de despedida y para intercambiar impresiones. Sin duda, Xihuingo, durante un gran periodo de su historia, fue una arista de la grandiosa cultura teotihuacana.
Si te gusta la aventura y la historia este es un viaje que no te debes perder.
Para este recorrido te recomendamos llevar contigo zapato de montaña, pantalón de mezclilla y, dependiendo de la época del año, sudadera, playera o chamarra y… si descubres algún nuevo petroglifo ¡no dejes de avisarnos!