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![]() X- touring
Una aventura de 180 kilómetros a través de los senderos purépechas en las fascinantes montañas de la sierra michoacana, sobre la comodidad y potencia de las cuatrimotos Yamaha. Nuestro recorrido por Michoacán dio comienzo a tempranas horas en la ciudad de Zamora, en donde nos reunimos más de 35 cuatrimotos en la tienda de motocicletas Yamaha; ahí conocimos todas las instrucciones de seguridad y la manera de conducirnos entre el grupo y a través de las comunidades que visitaremos; momento que sirvió para romper el hielo entre los participantes, ya que proveníamos de todos lados: Colima, León, D.F., Michoacán, Puebla, Querétaro, entre otros lugares. Con mucho entusiasmo partimos a llenar tanques y, una vez listo todo, comenzamos nuestra aventura dejando atrás el pavimento de la ciudad y de la carretera hasta internarnos en nuestra primera sección de terracería, guiados —aunque no lo creas— por un homónimo de Pedro Infante, sólo que con dos llantas más en la moto. Esta sección de vereda fue algo técnica al tener que cruzar por lodo y muchas piedras de varios tamaños, una bienvenida de lo que nos esperaba. De ahí nos internamos en un espeso bosque de pinos sobre caminos reales, que nos llevaron a través de espectaculares paisajes y hermosos parajes, cruzando por varias poblaciones purépechas, mismas que utilizan techo de dos aguas en la construcción de sus viviendas, lo que provoca una panorámica del poblado que contrasta con las varias tonalidades de verde de la montaña. Cuando la noche llegó, la luna llena se postró en lo alto de las copas de los pinos, lo que nos ayudó a continuar nuestro camino, dejando atrás la montaña e internándonos en las faldas del volcán Paricutín: momento genial, pues pudimos ver la torre iluminada —a todo su esplendor— por los rayos de la luna llena de lo que fuera la iglesia del poblado que fue cubierto de lava cuando nació este gran volcán. Al llegar a nuestras cabañas, la primer recompensa fue darnos un rico baño con agua caliente, y la segunda fue degustar el exótico caldo y mixiote de venado; esta cena, acompañada de la tranquilidad de la montaña cubierta por un manto estrellado, propició un muy buen momento de convivencia y descanso. El venado es un rico platillo que realizan en la zona gracias a los criaderos que, desde hace varios años, tienen de este mamífero: control de su carne y una gastronomía accesible a cualquiera. En las cabañas encontramos equipo de apoyo, al momento que algunos de los aventureros decidieron utilizar para aprovechar la experiencia de los mecánicos que ajustaron algunos detalles de las motos y llenaron los tanques de gasolina, dejando las cuatrimotos listas para el día siguiente. ![]() Al despertar nos esperaba un rico desayuno energético y, tras arreglar el equipo y calentar motores, partimos decididos a conquistar el volcán Paricutín. En esta parte del trayecto encontramos secciones amplias y planas de arena volcánica, que fueron aprovechadas por algunos para divertirse a lo largo y ancho de la zona realizando saltos y demás maniobras, momento en el que el circo maroma y teatro dejó ver la técnica de los pilotos. En las faldas del volcán nos encontramos con una zona “muy técnica” de rocas volcánicas que estaban sueltas, por lo que la velocidad del grupo disminuyó, a fin de evitar la ponchadura de las llantas, pues estas piedras son muy filosas y abrasivas; esta sección les encantó a muchos. Llegando a las faldas del volcán, en donde las fumarolas se alcanzan a ver, muchos decidieron comenzar a caminar hacia su cumbre, mientras que los demás aprovechamos para disfrutar de la panorámica, acompañando el momento con botanas de quesos y demás, ¡qué vida! Te recomiendo que, si visitas este volcán, observes las piedritas que se encuentran por toda su superficie, y si tienes suerte encontrarás algunas muy bellas llenas de minerales que, al ponerlas bajo la luz solar, despliegan infinidad de colores. Del volcán nos dirigimos a conocer los restos de la iglesia sepultada, de la que sólo sobreviven las torres, parte de la entrada y el atrio, pues lo demás está bañado de roca volcánica, escenario que contrasta con el fondo de la sierra y el azul infinito del cielo. Después de esta visita, partimos a nuestro destino final en la ciudad de Uruapan; en esta parte de la ruta utilizamos un tramo de la carretera, pero gracias a la sincronía del grupo en el recorrido, no causamos ningún problema con la circulación cotidiana. Al llegar a la ciudad realizamos una entrada triunfal ya que el desfile de tantas cuatrimotos en formación causó gran curiosidad entre quienes se encontraban en la calle: en ese momento pasamos de ser un grupo de aventureros, algo llenos de polvo y con motos enlodadas, a ser un desfile alegórico. En la noche, luego de un buen baño, pasamos una grata convivencia en la que acordamos participar en la siguiente aventura de Yamaha en la ruta Coatzacoalcos-Catemaco; ruta calurosa que promete estar de lujo ya que, según dicen por ahí, hasta visita al brujo tendremos. |
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